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La forma de cazar en cada territorio depende de las funciones que ese terreno en particular cumpla para satisfacer alguna de las tres las necesidades básicas de la presa.

Esto a su vez determina las técnicas más adecuadas a emplear y los mejores horarios para llevar a cabo la cacería.

Una forma de ilustra lo dicho es poner como ejemplo lo que sabemos sobre los bosques de hojas perennes, como el de las coníferas. En los mismos durante el verano 1), solo se caza al rececho durante la horas centrales del día, cuando los animales utilizan el bosque para comer un bocado al paso en alguno de sus claros, ocultarse y también para aprovechar su sombra, 2), apostado sobre un stand en los extremos del día, cuando las presas emplean la cobertura arbórea para trasladarse sin se vistos desde sus encames hasta los lugares de alimentación, o 3), todo el día durante el resto de la temporada de caza, tanto al acecho como al rececho, cuando nieva, llueve o hace mucho frío acompañado por viento intenso, en que las presas vuelven a utilizar la fronda como reparo.

De esto se colige que un mismo accidente natural, como es el bosque en éste caso, es utilizado por los animales para comer, descansar, ocultarse, protegerse de las inclemencias del tiempo y para trasladarse de un lugar a otro sin ser vistos, y que todas estas actividades se desarrollan a horas determinadas del día y en ciertas épocas del año, y que por lo tanto, y sí deseamos atrapar a esa presa, es conveniente conocer en detalle esos usos y horarios tan extraños para nosotros.

Éste no es el único ejemplo de ese conocimiento cinegético adquirido como veremos próximamente, y sólo fue citado para dejar en claro lo importante que para el cazador resulta aprender a reconocer que función cumple cada metro cuadrado de su coto de caza, y explotar correctamente ese conocimiento, ya que en eso yacen las bases de su éxito o de su fracaso.

El primer artículo editado en ésta página, allá por Diciembre del 2003, se titulaba ¿Dónde están los Ciervos?, y básicamente versa sobre los factores que determinan la distribución territorial de estos animales, y de muchas otras especies de costumbres similares.

En el mismo vimos rápidamente cómo la comida, bebida y el reparo en primer lugar, seguidas por factores circunstanciales y cíclicos, como lo son las variaciones climáticas y los niveles en sangre de las hormonas sexuales, determinan en que lugar, cuando y haciendo que se encontraremos a estos animales. En ésta sección analizaremos más en detalle cómo reconocer las funciones que cumplen cada parte del terreno y cómo explotar las necesidades vitales de los animales en nuestro favor.

EMPLEANDO LA LÓGICA.

Utilizando estos parámetros uno puede por ejemplo predecir, sin temor a caer en el ridículo, que los ciervos machos más desarrollados (trofeos) se encontrarán en la pradera de determinada colina durante los meses correspondientes a la brama entre las cuatro y las siete de la mañana y las siete y las nueve de la noche, simplemente guiado por que el hecho que las hembras y sus crías se alimentan en ese lugar y dentro de ese horario todos los días. Todos sabemos que durante la brama dónde se halla el forraje estarán las hembras, y allí dónde se encuentran las mismas van los machos, y que dicha situación se mantiene hasta medidos de mayo, cuando los machos se vuelven a separar de la manada. Ésta es la forma en que se plantea el análisis de cualquier situación de caza, hasta que por descarte de posibilidades y a base de hechos concretos se llega a una conclusión realista.

Todo esto consiste en aplicar un razonamiento lógico sobre un poco de conocimiento de las costumbres de estos animales. Dicho así suena sencillo, y lo es, pero solamente para aquel que se encuentra todos los días en ese medio y en contacto con estos animales. Para el de afuera, el cazador circunstancial, la cosa puede convertirse en chino básico. Sin embargo, hay una forma de comenzar a jinetear el problema y terminar domándolo.

No hay manera alguna de que un cazador solitario en su primera salida en terreno desconocido pueda simultáneamente navegar sin perder el rumbo, reconocer el lugar, ubicar a los animales, montar un plan de cacería viable e intentar abatir una presa. Simplemente es pedirle demasiado al mismo tiempo a un solo cerebro.

Para salir airoso de la prueba es necesario descomponer el problema en partes y solucionar cada una de ellas por separado. Esto significa que debemos resolver primero el problema de la navegación y orientación, para luego emprenderla con la exploración con el fin de determinar dónde comen, duermen y beben los animales. Recién una vez logrados estos objetivos uno se encuentra en condiciones de trazar un plan de acción y comenzar a cazar en serio. Intentarlo antes es una pérdida de tiempo, o desafiar a la suerte.

Sobre los principios de orientación y navegación hemos hablado ya en otro artículo presentado en ésta página, de manera que no será necesario entrar en detalles. La próxima ecuación a resolver entonces es aprender a reconocer dónde comen, duermen y beben nuestras presas, y de cómo explotar esa información. Ese será el tema a tratar.

PREGUNTANDO SE LLEGA A ROMA.

Ninguno de nosotros nace con la bola de cristal o el conocimiento previo de un lugar, de manera que al llegar a su nuevo destino cinegético haga lo que es lógico: comience a indagar sobre el mismo.

No es mucho lo que necesita aprender, pero cuanto más aprenda mejores serán los resultados obtenidos en sus salidas.

Uno puede educarse sobre un lugar desconocido de diferentes maneras. Preguntando a un lugareño es sin dudas la mejor, pero los mapas, fotografías aéreas e imágenes satelitales son de enorme ayuda, al igual que cierta bibliografía sobre la zona. El uso de todas estas fuentes de información simultáneamente debería permitirnos cazar en cualquier lugar, siempre y cuando el mismo presente la fauna que estamos buscando.

Bien, ahora sabe a quien o a que recurrir, lo que debe aprender ahora es que buscar o preguntar: dónde comen, duermen y beben los animales. Sí el lugar dónde está cazando no presenta esos tres ingredientes, comida, refugio y agua, faltando uno de ellos, el predio será sólo un lugar de paso de sus presas, no su hogar, y por lo tanto deberá cazar alrededor de lo que presente.

Esto significa que sí su coto de caza posee una aguada, pero carece de reparo, tendrá que cazar a la espera alrededor de la charca solamente en aquellos momentos en los cuales su presa de turno suele abrevar. Y por contraposición también significa que sí encuentra el lugar dónde esos animales van a descansar, podrá cazar en el mismo esperándolos a la salida o al retorno a sus encames. Aplique la misma lógica a un campo de pastoreo y busques las sendas de entrada y salida, y tendrá los lugares y horarios exactos en que deberá esperar o buscar a su presa en esos tres áreas diferentes.

LA ALIMENTACIÓN.

No sólo de hierbas y hojas viven nuestras presas, ya que entre ellas tenemos omnívoros, cómo el jabalí, o carnívoros puros como los felinos.

Estas bayas de algarrobo, junto diferentes nueces y las bellotas de los robles, entre otros tantos frutos, constituyen ejemplos clásicos de alimentación cedidad por a´rboles de hojas cáducas, que por o general serán vistados por las presas hacia el otoño, cuando sus frutos maduran.

Incluso dentro de los herbívoros como los cérvidos, tenemos algunas especies que básicamente se alimentan de forrajes, como el ciervo colorado, otras lo hacen fundamentalmente a expensas del ramoneo, cómo el ciervo de los pantanos o los ciervos cola blanca, y por fin un tercer grupo, quizá el mejor adaptado, que es capaz de alimentarse de cualquiera de las dos formas según las condiciones presentes, representado por el ciervo axis.

Por lo tanto es crucial conocer los hábitos alimentarios de nuestras presas para saber dónde encontrarlas a la hora del almuerzo o la cena, aunque tan importante como saber donde comen es saber a que hora lo hacen. Recuerde que tanto entre los suidos como los cérvidos, los dos sexos suelen comer en lugares diferentes y particularmente a diferentes horarios.

Será inútil buscar a un axis durante el mediodía de un día soleado y cálido dentro de un bosque de coníferas, ya que a esa hora estará entre los sauces, que además de protección del sol y visual durante las horas de luz le proporcionan hojas tiernas para entretenerse hasta la hora de salir a cenar, justo antes de la caída del sol, cuando comenzarán a dirigirse hacia los campos de pastoreo o hacia dónde haya soja, trigo, cebada, maíz o papas.

Cebar a un puma con carroña emplazada cerca de un campo con vizcacheras es otra pérdida de tiempo. El puma irá directamente a las vizcachas y no tocará la carroña, pero en cambio, sí ésta está lo suficientemente putrefacta como para despedir un olor intenso, será visitada por los jabalís.

A los frutales, tanto cérvidos como suidos se acercan cuando los frutos caen por sí solos, y no antes. Los árboles productores de nueces y bellotas son visitados únicamente en el otoño, por el mismo motivo que los perales y manzanares. Por otro lado las diferentes especies comen diferentes partes de una misma planta., lo que es útil saber reconocer. El ciervo axis come las hojas tiernas de la soja y las puntas de las mazorcas, mientras que el jabalí va por los porotos de la primera y aplasta la planta para comer el maíz en el suelo cuando éste está maduro.

Podríamos seguir con esta larga lista de ejemplos en forma indefinida, pero sería un ejercicio estéril que difícilmente ayude mucho a nadie. La forma de aprovechar la información es otra. Cada uno debe de estudiar cuales son los gustos y hábitos de sus presas, y luego observar que menú ofrece la zona en particular donde se dirigen a cazar, y recién en ese momento decidir cuando, como y a que hora saldrá a buscar su trofeo.

EL REPARO.

De la misma forma que existe una máxima sobre los bosques de hojas perennes, existen otras sobre el clima y el tipo de reparo.

Una de ellas dice que ante la entrada inminente de un frente frío, el día anterior a que se produzca el cambio climático los ciervos se mantendrán más tiempo de lo normal comiendo en los lugares abiertos, y que a partir del descenso de la temperatura habrá que buscarlos dentro de los montes de hojas perennes, que es dónde se refugiarán, ya que los montes de hojas caducas en su mayoría producen frutas y nueces, pero no dan reparo térmico en invierno, y por ende son frecuentados durante le verano como refugio, y durante el otoño para alimentarse, pero raramente serán vistos en los mismos durante los meses más fríos, salvo que sea de paso por ellos.

En realidad la mejor manera de comprender los diferentes usos que los ciervos en particular le dan a los bosques, es comparando su actitud con la de los humanos. Nosotros poseemos lugares dónde nos reunimos a comer dentro de horarios preconcebidos a los que llamamos restaurantes, lugares que utilizamos para dormir y descansar conocidos por hogares, lugares de trabajo o esparcimiento denominados oficinas y clubes, y así sucesivamente. Los ciervos, y para el caso los demás animales, utilizan los bosques para repararse del clima, comer, reunirse socialmente o mantener relaciones sexuales, y cada uno de esos lugares presenta características específicas que es necesario poder reconocer para saber cuando vale la pena visitarlos y cuando es mejor no hacerlo.

Hemos visto las funciones de los montes de hojas perennes, que raramente son utilizados como fuente de alimentación, a menos que las circunstancias así lo exijan. El liquen de la corteza de las coníferas y las hojas de estos árboles son consideradas como raciones de hambre y solamente se emplean en las emergencias. Eso no significa que estos lugares solamente se utilicen como refugio en verano e invierno. Los claros en ellos suelen presentar pastos tiernos de alto valor nutritivo, y conocer el emplazamiento de estos pequeños restaurantes es una información valiosa cuando se acerca la hora del mediodía y uno se halla dentro del monte cazando al rececho. Basta con apostarse en las cercanías para ver algo de acción.

Los montes no son los únicos medios de reparo que utilizan los animales. Las laderas opuestas al lado del que proviene el viento son otro lugar muy frecuente de concentración de las reses. Lo mismo que la cara de la montaña que es iluminada primero por el sol durante el invierno, o la cara que permanece a la sombra durante el verano.

Cuando uno habla de reparo no necesariamente se debe de pensar en un bosque. Hay especies de animales, incluyendo a algunos cérvidos, que se encuentran perfectamente adaptadas a las estepas sin árboles, ya que no necesitan de su protección térmica, y el problema del reparo contra las miradas indiscretas de los predadores es resuelto de otra manera: con un buen par de ojos, capaces de ver a kilómetros, ubicándose en manadas en medio de praderas dónde el pasto más alto no pasa de los centímetros. De ésta manera construyen un círculo de protección visual imposible de horadar por los predadores.

La técnica de aproximación y cacería en estos lugares será motivo de una nota a ser editada el mes próximo.

LA BEBIDA.

El agua es el elemento universal que iguala a todas las especies. Sin ella no hay vida.

¿Qué es necesario y práctico saber al respecto de éste elemento? En lugares donde el agua es abundante, como en los bosques tropicales o las regiones de montaña con amplias precipitaciones, la ubicación y presencia del agua no es un factor determinante para el cazador. Recuerde que los animales pueden saciar su sed sin necesidad de tan siquiera encontrar un charco: les basta con utilizar el agua depositada sobre la vegetación por el rocío.

Dónde el agua acrecienta su importancia es en aquellos lugares donde escasea, o se encuentra concentrada en lagos o ríos, cuyas orillas pueden ser revisadas en busca de huellas, y a partir de éste hallazgo montar una espera. Pero recuerde que al igual que lo que ocurre con el empleo de cebaderos, no en todos los países del mundo esto es está permitido.

Cuando cazar alrededor de fuentes de agua no infringe la ley, cómo en muchos países africanos, el uso de fotos aéreas recientes es de gran utilidad para su localización.

Asociada a las fuentes de aguas suelen encontrarse suelos impregnados con sales, de las cuales la única importante para cualquier especie animal es la sal común, o cloruro de sodio. Sin éste mineral, la vida no es compatible, y por eso la gran atracción que ejercen estos lugares o los cubos de sal, particularmente durante la primavera y el otoño sobre todos los animales sin excepción.

Por lo general los terrenos impregnados en sales, los cuales los animales utilizan ingiriendo la tierra, son zonas que suelen estar anegadas durante ciertas épocas del año, y que al secarse concentran la sal sobre su superficie, la cual aparece con la característica forma de líneas blancas ondulantes siguiendo el límite de retracción de las aguas.

¿A qué se debe éste fenómeno tan curioso? Para que un músculo cualquiera de cualquier especie animal se contraiga se precisan dos sales: sodio y potasio, en cantidades iguales, gramo por gramo. El organismo no tolera un balance desigual entre ellos, y sí uno aumenta, inmediatamente se produce un aumento de la excreción renal de esa sal.

El problema es que para eliminar a una de estas sales es necesario excretar igual cantidad de la otra. Por cada ión d sodio se debe de excretar uno de potasio y viceversa. Por lo tanto un aumento de potasio en la ingesta, cómo ocurre durante la primavera y el otoño por el aumento de la concentración de esa sal en la vegetación en general, lleva a un aumento de la excreción de la misma, acompañada del aumento de la eliminación el sodio. Esto lamentablemente termina en una disminución obligada de la concentración de sodio en el animal, que buscará de reponerlo inmediatamente dirigiéndose a un "salero".

La importancia de encontrar uno de estos depósitos naturales de sodio es inmensa, siempre y cuando la caza a su alrededor esté permitida. Lo que no está permitido, y no es ético de manera alguna, es colocar sal con la intención de cazar sobre la misma. Pero sí puede colocar panes de sal para mantener la fauna bien provista y dentro de su propiedad.

Bien, la intención de éste ensayo no fue en ahondar en los detalles sobre la comida, bebida o reparo de nuestras presas, ya que son innumerables y resultaría algo imposible de cubrir aquí, pero sí la de abrir una puerta, que consiste en aprender a tomar un problema, fraccionarlo en partes y posteriormente en aplicar una metodología de pensamiento que nos permita resolverlo en forma satisfactoria. Esperamos haberlo logrado.

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Realato de una caceria llevada a cabo por el autor en la provincia de La Pampa, y del astuto macareno que fuera su actor principal.


El padrillo tendría unos cuatro años. Como sus hermanos de lechigada, hacia ya un año que se había apartado de la piara. Si bien a esa edad no podía considerarse un trofeo excepcional, ya tenía algunas de las mañanas que caracterizan a los jabalíes viejos. Sabía jugar a las escondidas. Al menos lo había hecho con un amigo mío unas noches atrás.

Dentro del monte se movía a gusto, sintiéndose seguro. La vida no era mala en su espesura, ya que siempre había alguna papa de monte o bayas de caldén a mano para picotear. Tampoco faltaban insectos y otros animales pequeños para suplir el menú. El hambre, atraído por estos pensamientos, le apareció de golpe, y recordó los granos de maíz que sabía lo estarían esperando en el tajamar. A regañadientes emprendió el camino. Había aprendido a desconfiar de todo, y el tajamar era un lugar demasiado abierto para su gusto.

No estaría a más de trescientos metros del mismo, pero recorrer esa distancia mientras que se va tomando unos bocados aquí y otros por allá le llevaría al menos una hora. Mientras tanto podría asegurarse que el lugar estuviese libre de sorpresas. De todos modos tenía planeado entrar al maíz cuando fuese noche cerrada. No antes.

Ignorante de lo que transcurría, me encontraba en el apostadero, esperando su arribo. Quizá esta noche tuviese un poco más de suerte y pudiese verlo. El día anterior había bajado y nos había dejado sus huellas frescas como carta de presentación.

El tajamar donde me había apostado presentaba una playa de unos 40 metros de ancho, sobre la cual y cerca del agua había cavado unos pozos bastante separados entre sí, directamente frente al apostadero. En los mismos enterré un puñado de maíz. Esto evitaría que los pájaros comiesen el grano y retendría al jabalí por más tiempo en el lugar, ya que tendría que hozar para obtener su premio.

El sol comenzaba a caer. El horizonte se había teñido de naranja por el ocaso y reinaba un silencio absoluto, roto ocasionalmente por el trinar de algún pájaro solitario. Un par de patos sobrevolaron la charca y luego aterrizaron en la misma con su característico vuelo rasante. En el agua se reflejaban algunos árboles cercanos que daban unas sombras oscuras, quebradas aquí y allá por el naranja rojizo del cielo. En conjunto se tenía la sensación de armonía y nada parecía indicar que la misma fuese a ser rota en algún momento.

El animal alcanzó el borde del bosque con los últimos rayos de luz. Aún había demasiada claridad para su seguridad, por lo que decidió permanecer bajo la protección del mismo un rato más. Durante todo ese tiempo se mantuvo cubierto por las sombras, sin mostrarse en terreno abierto, venteando y escuchando. En realidad no tenía prisa. Parte de su apetito había sido saciado con unos bocados tomados al paso. Su plan consistía en aproximarse al maíz desde viento abajo. De esta manera la ventaja estaría de su lado. Si bien su visión no le alcanzaba para chequear el terreno enfrente de sí, su olfato y oído compensaban con creces esta falta. La oscuridad, cuando llegase, haría el resto.

Desde donde estaba, el jabalí podía olfatear el maíz y el olor de los vacunos que habían bajado a beber. Unos pocos patos nadaban en la laguna, mientras los teros deambulaban en paz, de aquí para allá. Para él, todo parecía estar tranquilo, en orden. Aún así, se mantuvo observando desde su escondite, sin exponerse. Estaba esperando por algo más. Que la luna de octubre fuese tapada por las nubes, al igual que la noche anterior. Así podría cubrir los últimos metros entre el bosque y los cebaderos, sin ser visto y con total seguridad.

Ni el jabalí ni yo estábamos plenamente seguros de que el otro estuviese en las cercanías. Si el animal hubiese pensado por un minuto que podría haber alguien acechándolo, no hubiese entrado. Todas las precauciones que había tomado son las que toma por rutina. Aún así, no estaba contento. Por eso suelen llegar a viejos los muy ladinos. Por otro lado yo no podía tampoco saber si el animal estaba en las cercanías y si se acudiría al cebadero. Solo podía confiar en que lo hiciese, pero nada más. De la misma manera que el padrillo tendría que confiar en su suerte si quería comer esa ración extra. Esa sería para mí la oportunidad ansiada; para él podría terminar en un susto o un desastre, dependiendo de mi puntería.

El apostadero era sólido y cómodo. Para hacerle más difícil a los jabalíes poder ventear al cazador, se hallaba sobre elevado. Ubicado en noventa grados con respecto a la dirección del viento y semi oculto por unos árboles, hacía casi imposible ser detectado. Desde el mismo se tenía una amplia visión de la charca y de los cebaderos.

El rifle descansaba orientado hacia los mismos, sobre una baranda diseñada a tal efecto, con bala en recámara y seguro puesto. El viejo Mauser, un Obendorff deportivo de doble gatillo, estaba cargado con munición Norma de 180 grains, de punta blanda. El cañón, un Madsen dinamarqués en calibre 7,65 X 54, tendría su debut esa noche, si todo salía bien.

LA ANÉCDOTA INSÓLITA; CINCO VACAS Y UN ALAMBRE.

MUNICION DE TIRO DEPORTIVO CALIBRE 7,65 X 54 PRODUCICA POR FABRICACIONES MILITARES.

Cada cacería tiene una anécdota, que puede ir desde lo cómico hasta lo curioso. La mía fue de terror primero y cómica después, lo cual para mí fue toda una novedad. El apostadero sobre el cual me hallaba tiene cuatro tientos de alambre que le ofrecen estabilidad extra frente a los fuertes vientos regionales. Una hora antes de que se hiciese noche escuché a mis espaldas ruido de ramas rotas dentro del monte. Tomando el rifle me preparé para lo mejor. Pensé que estaban bajando temprano, lo cual era una suerte.

Como la pared posterior del refugio es sólida y sin ventanas, tenía que esperar a que, fuese lo que fuese me rodease para poder verlo. De todos modos me extrañó la dirección de aproximación del animal. Por unos minutos no pasó nada. Pensé que me había venteado y huido.

Estaba en medio de esas cavilaciones, cuando de pronto todo el apostadero se sacudió, inclinándose hacia un lado, al mismo tiempo que se escuchaban unos pasos apresurados sobre el barro. Luego el silencio envolvió todo. Picado por la intriga traté de entender que estaba pasando. Luego escuché otros pasos, seguidos por otro sacudón. Ahora ya estaba seguro. Esto tenía que ser una broma de algún cretino de dos patas, pues no tenía otra explicación. Que yo sepa ningún jabalí tropieza dos veces con el mismo obstáculo.

Cómo ya no tenía sentido no hacer ruido, abrí la puerta del apostadero para poder ver al gracioso. Me tomó unos instantes comprender lo que ocurría. Frente a mí había cinco vacas que se acercaban al agua por un sendero. Uno de los vientos de sostén lo cruzaba casi al ras del piso, y los animales al no poder verlo se lo llevaban por delante, con la consiguiente sacudida que esto producía en el otro extremo.

Ya había sufrido dos conmociones. Aún quedaban tres vacas más por pasar. Cerré la puerta, volví a sentarme firmemente en la silla asegurando el rifle, me armé de paciencia y pedí que la estructura aguantase. Tres terremotos después todo volvió a la normalidad, o eso me pareció a mí. Vaca que bebió vaca que voló dice el refrán, y adivine Ud. por dónde salieron un rato después. Al menos lograron que mi espera fuese cualquier cosa menos aburrida.

Todo este bochinche parece haber sido parte de la rutina de cada día, pues cuando finalmente las nubes cubrieron la luna, el jabalí entró al trote firme al cebadero más cercano al linde del bosque. Podía escucharlo moverse, pero era imposible verlo. El animal había esperado el momento adecuado para hacer su movida.

Durante un buen rato estuvo masticando granos de maíz impasiblemente. De repente el viento incrementó su intensidad. Si las nubes se corrían tendría mi oportunidad, pero para cuando finalmente hubo suficiente luz para ver, la playa estaba desierta. Se había ido como vino. Al trotecito y sin luz.

Esta era la segunda noche que nos hacía su pequeño acto de magia. Probablemente pensó que era un chiste. Pero esta vez yo estaba seguro, o deseaba estarlo, de que volvería más tarde. Lo había hecho el día anterior; ¿por qué no hoy?

Decidido a esperarlo, me armé de paciencia, acomodé mi cuerpo en la silla y.... me dormí. De algo estoy convencido. No debo de haber roncado. De haber sido así ni un jabalí sordo entraba a ese tajamar. Me despertó el ruido del maíz al ser triturado por los dientes.

Todavía entre dormido intenté verlo, pero no era posible, al menos a simple vista. Con mucho cuidado levante los largavistas. Después de buscar un rato y guiado por el ruido, lo encontré. Con la escasa luz reinante era imposible decir que era rabo y que jeta.

Dejé los largavistas y empuñé el rifle, dirigiéndolo en la dirección del animal. Sólo podía esperar a ver si las condiciones de luz mejoraban. Los minutos transcurrían rápidamente y temía que abandonase el lugar nuevamente. Las nubes cedieron un poco su ceñida red y la intensidad de la luz aumentó como para permitirme ver el contorno del animal en la mira y orientarme en cuanto a su posición espacial. Increíble. Estaba dándome su flanco.

Ubiqué su trompa como pude y, estimando la posición de los pulmones, disparé. Cuando el ruido del disparo se acalló todo volvió a la normalidad anterior. El silencio era absoluto y la playa estaba desierta.

Rastrear un animal herido de día en los montes pampeanos es tarea difícil, pero no imposible. Rastrear de noche un jabalí, presumiblemente herido, y dentro de ese monte, no es ni posible ni aconsejable. Probablemente lo único que uno logre sea empujarlo a correr más, sí es que está herido. Es mejor dejarlo en paz un rato y luego buscar un perro. De todos modos no tenía intenciones de hacer nada en ese momento.

EL

Después del disparo todo fue quietud. Como el fogonazo del disparo tiene la virtud de anular la visión nocturna, no había podido observar ninguna reacción del animal. No sabía si había conectado o no.

RESTOS DE CAMISAS DE COBRE EXTRAIDAS DE TROFEOS. EN ESTE CASO LA MUNCION FALLO AL PRODUCIRSE LA SEPARACION ENTRE EL NUCLEO Y LA CAMISA DEL PROYECTIL.

Con mucha tranquilidad y placer, encendí un cigarrillo. Retiré la vaina servida y coloqué un cartucho fresco en la recámara. Luego busqué la linterna. Estaba decidido esperar una media hora antes de moverme, de manera que me puse cómodo, pero esta vez no me dormí. Pensaba ir hasta el lugar donde el animal había estado comiendo cuando disparé y buscar rastros, sin revolver mucho. El Profesor Tommy no llegaría hasta las doce, hora en que me pasaban a buscar y no era conveniente alterar el escenario hasta su arribo.

Rifle y linterna en manos, a paso tranquilo, cubrí los 80 metros hasta los cebaderos. Las hozaduras frescas me señalaron con exactitud en cual había estado comiendo. Alentado por esto comencé a buscar huellas que me indicasen la dirección de partida. Finalmente las encontré.

En particular se destacaba una, donde se había afirmado para pegar el primer salto y salir arando en su loca carrera hacia el corazón del monte. No encontré nada más. De sangre ni hablar. Ni en el pasto ni en los arbustos cercanos a la altura del tórax. Lo único positivo era la dirección de las primeras huellas. El resto era una incógnita.

En estos casos es conveniente no alterar mucho el lugar hasta la llegada de los perros, o hasta que se disponga de buena luz. Si el animal está herido, aunque no deje rastros como en este caso, es probable que "rompa monte", dejando detrás de sí alguna mínima huella de su pasar. Estas suelen ser ramas quebradas o alguna mancha de sangre sobre las hojas del pasto, a la altura de la herida. Lamentablemente cuanto más se demore la recuperación, más posibilidades existen de que la carne se arruine.

Pensando en todo esto volví al apostadero. Una vez arriba me acomodé en la silla, prendí otro cigarrillo y me puse a repasar todo. No había forma de estar seguro que había pasado. La oscuridad me había impedido ver algo. Por otro lado, la cercanía al blanco hace imposible escuchar el impacto sobre el animal. A tan poco metros este sonido es tapado por el ruido de la detonación, haciendo que el cazador no lo escuche. Me dormí tratando de resolver la incógnita.

Esta vez fue el ruido de la camioneta de Richard, el dueño del campo, lo que me despertó. Preparé todos mis bártulos y descendí del apostadero. Ahora comenzaba el trabajo.

Junto a mi amigo se hallaba el Profesor Tommy. Este perro posee una personalidad particular. Afable, alegre, afectuoso y amante de las perdices, parece haber sido destinado por su dueño a rastrear chanchos debido a su gran habilidad al respecto. De allí lo de "Profesor". Y lo hace muy bien, aunque se encarga de hacerle notar a todos que ese animal pestilente, grosero y carente de plumas llamado jabalí, no es una presa digna de rastrear.

No tardó más que unos segundos en levantar el rastro, y de paso nos enseñó dónde había dejado una gotas de sangre. De alguna manera sabe cuando un animal está herido y lo demuestra. Su actitud es clara. Pega la nariz a tierra y parte sin titubear. Para no perderlo es necesario ponerle una cuerda, ya que no espera por nadie. Le gusta terminar rápido, sobre todo aquellas tareas que considera denigrantes para su estatus de perro de plumas.

Habremos tardado unos 10 minutos en encontrar al padrillo. La demora se debió a la lentitud de Richard y la mía para movernos dentro del monte. Había alcanzado a correr unos doscientos cincuenta metros antes de desplomarse. Cuando llegamos a su lado se hallaba duro sobre un charco de sangre.

Tommy nos miró como preguntando ¿suficiente con este juego ya? Acto seguido partió ofendido hacia la camioneta, a continuar con su interrumpido descanso. Después de todo era ya más de la medianoche.

El disparo había perforado los dos pulmones, arriba, un poco por detrás y arriba del codillo y salido por el lado opuesto. Mortal pero un poco alto, casi unos dos dedos debajo de la columna vertebral. Un poco más arriba y el animal hubiese quedado tieso en el lugar, pero no fue así.

Por una simple cuestión de gravedad, las regiones mejor irrigadas del pulmón son las bajas. Esto no ayudó mucho con el sangrado. El orificio de salida no era grande, lo cual me extrañó. Tan solo un poco mayor que el de entrada, como constataríamos después. La piel lo había auto sellado, algo bastante frecuente.

Como el proyectil había perforado limpiamente, no tuvimos la oportunidad de recuperarlo para evaluar su comportamiento. De todos modos no teníamos muchas dudas con respecto a su capacidad para realizar la tarea encomendada. Había dejado al jabalí tieso, como un mudo testigo de su letalidad.

Posteriormente, cuando carneamos al animal comprendimos por que la punta no expandió totalmente. Tanto al penetrar como al salir no había roto costillas, las cuales le habrían opuesto alguna resistencia haciéndolo expandir. Tampoco había tocado algún hueso grande como para iniciar la deformación y expansión.

Esto, sumado a la corta distancia de disparo, 80 metros, hizo que la punta penetrase a muy alta velocidad, lo cual ocasionó la sobre penetración. Para aquellos que prefieren este tipo de desempeño, la punta fue eficaz en un 100%. El hecho de que dejara un rastro de sangre tan escaso y que no supe encontrar se debió a dos hechos fortuitos; la altura del impacto en los pulmones y a que la sangre se acumulara por debajo de la piel.

El padrillo acusó unos cien kilos y cuatro años de edad. Los colmillos son los de la foto. Como trofeo y juzgándolo solamente por sus medidas, es aceptable. En cuatro años más hubiese sido admirable. Particularmente los lomos probaron ser tiernos, cosa que tiempo después no hubiese sido el caso. Preparados con salsa de vino tinto y cebolla y servidos con arroz blanco hicieron un plato excelente.

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La distribución territorial de los ciervos depende de las siguientes variables: temperatura, presión atmosférica, presencia de agua, comida, refugio, predadores e insectos.


Bajo el título de iremos publicando una serie de artículos que hacen referencia específica a ese comportamiento, pero teniendo en cuenta de como podemos valernos de ello para nuestro provecho cinegético. En otras palabras, trataremos de aprovechar ese comportamiento de los animales para hacer más sencilla nuestra cacería.

Para aquellos que han andado en pos de , en particular el, en lugares tan bastos como el continente Americano, a solas, sin guía ni perros, en medio de bosques y montañas que visitan por primera vez, hallar la presa anhelada puede convertirse en un juego de azar frustrante.

Pero como todas las cosas en la vida, el juego se aprende rápidamente, y con el tiempo la búsqueda puede ser sistematizada con buenos resultados. Si nuestros antepasados, con sus armas y artes primitivas lo lograron, nosotros con nuestra moderna tecnología también tendríamos que poder hacerlo, aunque más no sea para demostrar que aún somos capaces.

la-caza-mayor-es-un-deporte-sencillo.-primeros-se-localiza-a-la-presa-luego-se-traza-un-plan-de-accion-y-por-ultimo-si-la-suerte-esta-de-nuestro-lado-se-la-abate.">La caza mayor es un deporte sencillo. Primeros se localiza a la presa, luego se traza un plan de acción y por último, si la suerte está de nuestro lado, se la abate.

Presentado de ésta manera, el problema parece de fácil solución. Pero, ¿lo es realmente? Quizá de estas tres reglas o pasos básicos, la más difícil de llevar a cabo sea la primera; para poder cazar un trofeo es necesario ubicarlo. De allí la pregunta que hace de título para éste capítulo, ¿dónde están los ciervos?

Antes de responder éste interrogante, hagamos una comparación con otro mamífero con un comportamiento harto familiar para todos nosotros. El Homo Sapiens.

Suponga que Ud. desea localizar al gerente de su banco para pedirle un crédito. ¿Se le ocurriría llamarlo por teléfono a su oficina, un día domingo a las 9 de la mañana?

Ud. conoce la repuesta y también sabe los por que de ese "no" rotundo. Los gerentes de bancos concurren a sus oficinas de lunes a viernes de 10 a 17 horas, y para obtener un crédito es necesario presentarse en persona.

Si bien el Banco es el lugar, por teléfono, y un domingo por la mañana, no es el momento ni la forma adecuada para encontrarlo y lograr su objetivo.

Lo mismo ocurre con los ciervos. Tienen sus horarios, lugares y motivos para estar en éste u otro lugar a determinadas horas. Si desea encontrarlos tendrá que buscarlos en el lugar correcto, dentro del horario que suelen frecuentarlo y, además de esto, saber como atraparlos. Esto es lo que se denomina sistematizar o estandarizar una tarea. Y al igual que los gerentes bancarios, los ciervos pueden que estén disponibles, o no estarlo. Ambos suelen ser escurridizos por una cuestión de supervivencia.

De manera que esta inocente primera pregunta de rigor ante cualquier salida al campo con intenciones venatorias, ¿dónde están los ciervos? nos conduce automáticamente a dos nuevos interrogantes; cuando-y-como-localizarlos.">cuando y como localizarlos.

Las repuestas a estas tres preguntas, dónde, cómo y cuando, requieren una serie de conocimientos que afortunadamente suele poseer el guía de caza, pero que los novatos carecen. Pero esto no tiene por que ser necesariamente así. Cualquiera puede aprender, ya sea para no pasar como un verdadero ignorante ante el guía de caza, o por el simple deseo de superarse en su deporte.

Generalidades

Si se tiene en consideración que el territorio de uno de estos animales abarca de 7 a 10 hectáreas cuadradas, que su "living room" no supera la hectárea cuadrada, y que utilizan partes de éste territorio con distintos fines y en diferentes horas del día, aún para el conocedor las cosa pueden ponerse difíciles.

Pero en algún lugar se encuentran, y para localizarlos existen reglas que pueden ayudarnos. Estas reglas están basadas en el y nos permite entender los motivos por las cuales estos animales tienen predilección por áreas de características definidas en determinados momentos.

' Sin embargo, siendo la un deporte que se ve afectado por múltiples variables que inciden sobre los animales, entre ellos el hecho de que los ciervos tengan costumbres que difieren de las de los gerentes de bancos, este análisis debe de ser tomado sólo como una guía y punto de partida.' Veremos entonces aquí los tres factores que más inciden sobre el cómo, cuando y dónde; la alimentación, los factores climáticos y las características de terreno.

Los factores que determinan en que lugar cazar y cómo y cuando hacerlo dependen de tres factores: dónde habitan.

Los reinantes.

La .

Esto se debe a que la vida de los ciervos, como la de cualquier otro mamífero, está regida por la disponibilidad de comida y bebida, que les aportan las calorías necesarias para sobrevivir, y por el reparo que les ofrece el medio ambiente, que junto a la temperatura reinante les ayuda a regular la temperatura corporal.

Alimentación, terreno, reparo y la temperatura.

La alimentación y el tipo de terreno.

Los estudios actuales sobre el ciervo colorado indican que estos animales seleccionan como lugar de residencia áreas con una distribución característica de la flora, y que poseen muy buenas razones para ello. Estas áreas presentan una relación de bosque / pasturas de 40 y 60% respectivamente.

Los bosques que presentan para el reparo, pero no para la alimentación, son aquellos preferentemente de hojas y de al menos 10 metros de alto, ya que este tipo de árbol, con la altura mínima mencionada, presenta las condiciones adecuadas para la formación de una Los espacios abiertos colindantes, como las praderas, están destinados a la alimentación y también presentan características propias.

Estos espacios abiertos son t, donde pueden coexistir pastos bajos con arbustos de mediana altura y forman áreas naturales de alimentación, que son preferidas por los ciervos antes que las tierras cultivadas o modificadas por el hombre (siembras, quema o tala parcial) en una . El motivo para esto es la variedad de pastos que ofrecen estas extensiones y la contra los que le brindan los arbustos.

La temperatura.

Éste es un factor crítico en el cual el cazador raramente piensa y que desconoce cómo utilizar a su favor.

Durante el invierno, los ciervos colorados tienden a buscar refugio en áreas donde la temperatura ronda los 7º C, por lo general dentro de los bosques.

Esta es la temperatura a la cual obtienen el máximo rendimiento de sus calorías desde el punto de vista de conservación de las mismas. En el verano, cuando la temperatura al sol supera a los 12º C, buscan la protección de la sombra.

En ambos casos la repuesta a la se halla dentro del monte, que los cobija del calor como del frío. Lo que se deduce de todo esto es que los animales se hallan en su apogeo a temperaturas que se hallan en una franja que va desde los 7 a los 12º C.

Fuera de este rango se congelan o se asan. Y es esta "incomodidad térmica" la que en parte determina donde se encontrarán nuestros amigos. Por esto la idea de tener un pequeño termómetro a mano durante la cacería no es mala.

Pero, ¿qué representa esto desde el punto de vista práctico para el cazador, especialmente durante la ? Aunque los machos deambulan más durante este período, lo cual los hace más fáciles de ubicar, es a las hembras a quien debemos tratar de localizar. En sus cercanías se hallará indefectiblemente a los Romeos.

Y las hembras no alteran su ritmo diario, ni aún durante el . Durante la brama las temperaturas aún son altas, lo que significa que las encontraremos comiendo en los primeros y últimos minutos del día en las sendas abiertas por el hombre dentro de los bosques (picadas) y los lugares abiertos naturales. Luego, cuando el sol se levanta, buscarán el reparo del monte, y detrás de ellas irán los machos. Este concepto es válido para la época de brama solamente, ya que durante el resto del año, machos y hembras no comparten los mismos territorios.

El reparo.

Los lugares de reparo de invierno y verano difieren entre sí solamente en la altitud con respecto al mar en las que se hallan ubicados.

Por lo general todos estos lugares se caracterizan por presentan reparo térmico, contra el viento, la indiscreción de la mirada de los predadores, y comida. Durante el invierno los refugios se hallan en los valles y zonas más bajas de las cordilleras, mientras que en el verano son desplazados hacia las veranadas, más altas.

El resto de las características de estos lugares son similares; bosque de hoja perenne, achaparrado, con un área de transición cercana destinada a la alimentación, ubicada dentro de un radio promedio de 400 metros desde el refugio.

La búsqueda.

La búsqueda.

Aún armados con esta pequeña información, 10 hectáreas son mucho terreno para revisar al azar y andar jugando a las escondidas con estos animales, que son maestros en el juego de desaparecer. Entonces, ¿por dónde, cuando y cómo se comienza la búsqueda? Bien, la repuesta es simple; en su casa con una o una del lugar.

Extienda la misma sobre la mesa y comience por buscar las zonas de bosques dentro de la propiedad en la que piensa cazar. Fíjese que áreas poseen la relación aproximada de bosque / pradera de 40/60 que mencionamos previamente.

Si no hay agua dentro de la zona no es tan importante. Los ciervos caminan grandes distancias por la misma. Pero, si existe una charca o un arroyo en las cercanías del lugar seleccionado, puede estar seguro de que los animales habrán elegido este lugar para asentarse. Es una simple cuestión de lógica. Al igual que nosotros, los ciervos son mamíferos amantes de la ley del mínimo esfuerzo, la cual también tiene su razón de ser. Se la denomina ley de conservación de la energía.

Ahora tiene una buena idea por donde comenzar. Pero espere un poco aún; falta algo más.

Antes de internarse en el campo en una búsqueda no organizada, dibuje sobre la fotografía la dirección de los vientos que prevalecen. Basado en esta información trace un plan de acción que le permita mantener siempre el viento en su cara, o mejor aún transversal a su recorrido.

Mientras elabora su plan, tenga presente lo siguiente. Los ciervos descansan dentro del bosque durante las horas de luz y salen del mismo al atardecer para ir a comer. Por lo general vuelven a su lugar de reparo con las primeras luces del día. Esto le indica como y cuando cazar.

Puede hacerlo al acecho, a la vera de las praderas o de alguna aguada solitaria, al anochecer y al amanecer. Dentro del bosque, al rececho, durante el resto del día, ya sea utilizando las técnicas de "still hunting" o de "stalking", o sí prefiere hacer un descanso apostado sobre un árbol en las inmediaciones de los senderos que estos animales emplean.

En realidad lo que hemos hecho hasta ahora fue sistematizar la búsqueda basados en el porcentaje de posibilidades de hallar a los animales en tal o cual lugar.

Este porcentaje, no está dado al azar, sino por las características del terreno y de la temperatura ambiente, las que a su vez desencadenan ciertas conductas en el animal. Si uno desea achicar más el círculo de búsqueda se puede intentar averiguar que están comiendo los animales en esa época del año.

Esto es factible algunas veces, pero recuerde que los ciervos son verdaderos gourmets. Comen de alrededor de cincuenta variedades de plantas diferentes, lo que hace muy difícil determinarlo con exactitud. Lo que sí se puede hacer es fijarse que áreas en general presentan más plantas verdes y cazar en su cercanía. Recuerde que cuanto más verde y tierno sea el alimento seleccionado, más alto contenido de glucosa tendrá, y que también será más palatable para el animal.

Hay otra regla general que también ayuda. Durante la primavera y el verano la fuente principal de alimentación son los pastos tiernos y los retoños de los árboles.

En el otoño y el invierno las escasas hojas aún verdes, bellotas y bayas (si estas últimas se encuentran disponibles), representan el plato fuerte del menú por su alto contenido en grasas. Preste atención entonces a los lugares que presenten dicha selección de platos y cace en sus alrededores.

En cuanto a la bebida, sí la zona presenta múltiples cursos de agua es casi imposible determinar en cual de ellos beberán. Esto es completamente diferente cuando las aguadas son escasas, en cuyo caso las probabilidades de que el animal se dirija a ese lugar se multiplican.

Otro signo importante a prestar atención durante el estudio de la fotografía, son los caminos. Estos facilitan el deambular de los humanos, por lo cual los animales rehuirán sus cercanías. Evitando escoger áreas adyacentes a vías de entrada fáciles, como autopistas y caminos secundarios, es una manera de aumentar las posibilidades de éxito. Realmente es asombroso la cantidad de información que una mirada rápida a una fotografía aérea, un mapa ó termómetro ofrecen.

Los mapas viales son importantes para darnos una idea cabal de la distribución de caminera y ubicar las áreas alejadas de las mismas.

La sistematización de la búsqueda.

Veamos ahora en detalle en que se basa la sistematización de búsqueda a la cual nos hemos referido al comienzo.

Esta no se reduce a revisar en forma metódica cada palmo de terreno disponible, sino a buscar en esos lugares y momentos en los cuales tenemos mayores probabilidades de hallar a los animales.

Estos lugares pueden ser considerados como aquellos en los cuales nuestra presa tiende a buscar forzosamente refugio o alimento. Hemos visto que los ciervos no viven su vida en un libre albedrío, ya que la misma se encuentra profundamente influenciada por factores externos a los cuales reaccionan de una manera estereotipada. Que nosotros no comprendamos estos factores, y por ende las conductas que generan en los animales, es la causa principal de nuestros fracasos en el campo, lo que puede evitarse conociendo unos pocos hechos fisiológicos de estos animales.

Partiendo del hecho de que estos animales se van forzados a utilizar los accidentes naturales como refugio, y a comer con una frecuencia determinada para mantener una temperatura corporal y nivel de glucemia adecuada, podemos trazar un plan de búsqueda coherente.

¿Cuales son los factores a tomar en consideración para preparar una estrategia de búsqueda correcta?

La alimentación.

El factor principal sobre el cual se construye el plan de cacería son los hábitos de alimentación del animal.

La idea es la de localizar a estos animales de la misma manera que intentaríamos encontrar a un amigo a la hora del almuerzo o la cena. Seguramente lo buscaríamos en su hogar o restaurante favorito, ya que es allí dónde tendremos las mejores oportunidades de hallarlo. Estos hábitos alimentarios condicionan a los ciervos volviéndolos predecibles en sus acciones, al igual que lo hace la temperatura ambiente, la presencia o ausencia de nubes y viento, la cantidad de insectos presentes en el medio ambiente, como tábanos y moscas, y la posición del sol respecto a la topografía local.

Los cérvidos presentan una dieta mixta de pastos, hojas de árboles y nueces o bellotas. Las gramíneas son la fuente principal de calorías y se hallan representadas por pastos tiernos y verdes, que obtienen en praderas y valles, caracterizados por presentar pocos árboles y por ende escasa protección visual para los animales. Esto es particularmente cierto para los cérvidos de escasa estatura, como la corzuela, mientras que aquellos de mayor envergadura, como el colorado y el axis, reparten su dieta entre el ramoneo y las pasturas.

Las hojas, retoños y bellotas son producto de la espesura, donde si bien la calidad de la comida disminuye se compensa permitiendo una máxima protección visual y auditiva contra los predadores. Es esta distribución de las diferentes fuentes de calorías, y la particular protección que cada zona brinda a los cérvidos, es lo que determina sus patrones de alimentación, incidiendo directamente sobre nuestra técnica de caza.

En ausencia de predadores, y éste es un dato a mantener presente, los ciervos presentan durante el día dos picos de alimentación que se llevan a cabo en espacios abiertos entre las 8 y las 12 y las 17 y las 21 horas.

El lapso entre estos dos períodos los animales se mantienen bajo la protección de la espesura, como una forma de evitar la depredación y para ayudar al control térmico.

Los bosques, la presión barométrica y las técnicas de caza.

La temperatura ambiente.

La temperatura ambiente actúa como un regulador fino en los horarios de alimentación diurna.

Por encima de los 12º C los ciervos tratarán de alimentarse en los extremos del día, evitando dentro de lo posible exponerse al calor, para lo cual buscan el reparo de los árboles desde una hora y media después del amanecer.

Esto hace que los animales se dirijan a las praderas para comer con los primeros y últimos minutos de luz. En la medida en que la temperatura descienda, la permanencia en lugares abiertos se extenderá gradualmente. En reglas generales esto ocurre en terrenos llanos, pero no en regiones montañosas, dónde la posición del sol con respecto a los cuatro puntos cardinales de una montaña modifica su rutina.

En el hemisferio norte, durante el mes de septiembre, en que comienza la brama, el sol calienta primero las laderas oeste y sur de una montaña, para recién a media día afectar la parte norte y este de la misma. Con temperaturas por encima de los 12º C, los animales se retirarán primero de las praderas y espacios abiertos ubicados al oeste y sur, mientras que permanecerán hasta más tarde en los otros dos.

Por el contrario, en los días de frío de la post berrea, será más fácil ubicarlos hasta más tarde comiendo y asoleándose, tratando de ganar calor hasta altas horas de la mañana, generalmente en el linde entre el bosque y la pradera.

La presencia de nubes no solo determina la temperatura ambiente haciéndola disminuir.

En los días nublados la actividad de las moscas y otros insectos, que abundan durante la berrea, afecta severamente la distribución territorial de los ciervos, permitiendo a los animales descender a cotas más bajas en busca de alimento, mientras que durante los días soleados tratan de ascender, en un esfuerzo de ganar terrenos más fríos y liberarse así de los insectos.

La temperatura sigue ciertos patrones que dependen de la topografía y que es necesario conocer para explotar a nuestro favor.

Al amanecer el aire se calienta en el fondo de los valles creando corrientes térmicas ascendentes. A medida que la temperatura aumenta los ciervos comienzan a ascender por las laderas buscando las zonas más frías. Cuanto más entrado nos hallemos en el día, más arriba en la ladera se encontrarán los ciervos.

La forma en que el cazador puede aprovechar el fenómeno es ubicándose al acecho en la parte más alta de la montaña, antes de que los animales comiencen a escalarla. De ésta manera la masa de aire ascendente no arrastrará su olor hacia ellos delatándolo.

Por la tarde el fenómeno térmico se invierte, y la masa de aire frío superior desciende, arrastrando los olores de arriba hacia abajo. En éste momento la poción ideal para el acecho se encuentra a media ladera o hacia el fondo de los valles, esperando el descenso de la manada.

Los bosques.

Otro factor considerar en nuestra estrategia es la distribución local de la flora.

Los bosques juegan un triple papel en la vida de los ciervos, brindándoles protección contra los predadores, raciones de comida y actuando como un colchón térmico, tanto contra el frío como contra el calor. El bosque es por lo tanto utilizado como un moderador térmico, dependiendo de la cantidad de luz y la temperatura reinante.

Es sencillo imaginarse en condiciones de calor como funciona esto. Las sombras ayudan a mantener la temperatura corporal sin elevarse excesivamente. Algo similar ocurre bajo condiciones de lluvia, nieve y frío intenso, ya que por debajo de las copas de los árboles de hojas perennes, como los pinos, se forma un colchón de aire caliente, mientras que la tierra se mantiene seca gracias a la capa de hojas secas que la recubren. Por lo tanto, en condiciones adversas, tendremos que buscar a la manda al reparo de este tipo de bosques.

Algunos montes de hojas caducas producen bellotas, que es un alimento muy apetecido por los ciervos debido a su alto contenido en grasas. Estos lugares no son tomados como áreas de refugio por la manada, ya que sólo visitarán el lugar durante la época en que los frutos se hallan en el piso, debido a que la protección térmica y visual que ofrecen estos bosques es menor que la que otorgan los de hojas perennes durante el otoño e invierno.

La presión barométrica.

Quizá el factor climático que más incidencia tiene en la distribución territorial de estos animales son las variaciones de la presión barométrica, las cuales detectan mediante censores de presión.

Ésta extraordinaria habilidad les permite predecir cambios climatológicos con 24 horas de anticipación.

Cuando lo hacen, y en anticipación a la entrada de un frente frío, aumentan las horas dedicadas a la ingesta desde el día previo, exponiéndose a espacios abiertos durante más tiempo. Esta búsqueda de alimentos primero, y refugio después por parte de los ciervos puede ser pronosticada por el cazador con días de anticipación, y para ello sólo es necesario prestar atención al parte meteorológico local.

En el momento en que se produce la caída de la temperatura los animales se retiran a sus refugios, por lo general en cotas más bajas, manteniéndose sin abandonar los mismos y llegando a permanecer hasta dos días sin mostrarse en lugares abiertos. Pasado este lapso, e independientemente de las condiciones climáticas, los ciervos salen a buscar comida, aunque lo harán muy cerca del refugio, de manera de no exponerse en las praderas a pérdidas de calorías que puedan superar a las aportadas por la comida.

Es por este motivo que durante el primer día de un temporal la actividad en lugares abiertos cesa completamente y será necesario buscar a las presas dentro de los bosques de coníferas o en el lado opuesto al viento de cualquier ladera o refugio natural.

Resumiendo se puede decir que cazaremos al acecho y en las cercanías de los campos dedicados a pastar en los extremos del día, mientras que durante las horas intermedias lo haremos al rececho dentro del bosque. Como hemos visto, la altura sobre el nivel del mar y las diferentes caras de una montaña en la cual buscaremos nuestra presa dependerá de la posición del sol y de las condiciones climatológicas presentes.

Si bien la mezcla de variables dadas por tipos de forrajes, condiciones climáticas, la presencia o no de insectos, y la posición del sol con respecto a los puntos cardinales puede parecer confusa, no los tanto. Sólo se requiere pensar dónde buscaría refugio un ciervo ante el panorama climático presente. Una rápida mirada a la distribución de la flora local y la topografía nos permitirá intuir dónde, cuando y dónde encontraremos a los animales. El resto como se suele decir, es mucha práctica y un poco de suerte.

Las diferentes técnicas de cacería.

Hasta aquí hemos visto como distintos factores como el tipo refugio, alimentación y condiciones climáticas inciden en la distribución territorial de los ciervos, lo cual nos permite trazarnos un plan de búsqueda. Ahora, que sabemos dónde potencialmente podemos ubicar a nuestra presa, es necesario coordinar la información disponible para trazar un plan de cacería viable, escogiendo para ello una de las dos técnicas de caza más frecuentes; acecho y rececho, o, sí el cazador es lo suficientemente flexible y posee el conocimiento para ello, podrá cambiar sobre la marcha su plan de búsqueda original, alternando entre ambas técnicas según se presente la oportunidad.

La descripción de las diferentes técnicas de cacería será tratada en detalle en los capítulos correspondientes.

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Sí se comparan las diferentes técnicas básicas de caza entre sí, esto es el rececho, el acecho, y la batida, veremos que ésta última resulta la más compleja y eficaz de todas.

La caza en batida es una combinación de técnicas de los otros dos estilos, a la cual se le suma un rasgo distintivo de ésta modalidad; en la batida interviene más de un cazador, e inclusive hasta perros.

A la derecha: líder de grupo con un trofeo.

Ésta técnica es la de aparición más reciente en la historia de la humanidad, datando de entre cincuenta y cien mil años atrás. El motivo para su alta complejidad radica en que su realización requiere de la participación y coordinación de varios cazadores y eventualmente perros, y todo el desarrollo debe de ser previsto y planeado con anticipación. Puede decirse que la batida es producto de las complejas organizaciones tribales humanas y de uno de los primeros actos corporativos que se conocen. Desde el punto de vista sociológico es todo un fenómeno para estudiar.

Indudablemente ésta técnica tiene que haber aparecido forzosamente en forma tardía en nuestra historia, recién después que la caza al acecho y al rececho lograron un alto grado de popularidad, y de que ciertos patrones de conducta animal eran conocidos y explotados por el hombre en su provecho.

La caza en batida requiere de sus participantes un amplio conocimiento de la topografía de la zona, del comportamiento de los animales y de las habilidades de cada uno de los otros cazadores. Pero por sobre todas las cosas es indispensable contar con un grupo humano que haya evolucionado socialmente lo suficiente como para aceptar y comprender las ventajas que presupone el liderazgo de una persona.

FUNDAMENTOS DE LA BATIDA.

El concepto de la batida es simple y muy efectivo. La idea consiste en arrear todos los animales de una zona hacia donde se encuentran apostados los tiradores.

Durante ésta recorrida del terreno los cazadores denominados batidores, buscan de empujar lentamente a los animales presentes en una dirección preestablecida, que es donde se encuentran apostados los tiradores, cerrando todas las posibles rutas de escape del territorio. La culminación de la batida se produce en ese lugar, llamado de cierre, donde las reses son abatidas en forma sistemática, aunque en ocasiones algunas presas son muertas por los batidores cuando intentan romper el bloqueo que estos les imponen.

Entre los occidentales la técnica tal como se conoce ahora se originó en Europa, pero la práctica de la misma comenzó a mermar en el viejo continente hace siglos atrás, cuando sus manadas se desvanecieron por la sobre explotación de las mismas, por el exceso de población con la pérdida consecuente del hábitat y probablemente por las guerras y la intensa deforestación típica de la actividad ganadera. Solamente España conserva la tradición y aún organiza batidas con regularidad, pero las mismas son extremadamente costosas y se trata más de un evento más de tipo social que de caza en sí.

Pero Europa no fue el único continente dónde se desarrolló ésta tecnología. Entre otros ejemplos, los nativos de América del Norte organizaban rodeos en los cuales empujaban a manadas enteras de búfalos hacia precipicios. Sí bien el tiempo transcurrió, las manadas de búfalos se extinguieron y el arco y la flecha dieron paso a las armas modernas, la batida aún continua entre nosotros, aunque con leves modificaciones.

Afortunadamente en América las cosas son más sencillas, ya que la fauna se mantiene en buen estado de salud, aunque es justo reconocer que la batida, por diferentes motivos, es la menos conocida y empleada de todas las técnicas de caza. Quizá el hecho de que nuestra fauna goce de buena salud y de que el territorio americano no se halla sobre poblado por humanos tenga mucho que mucho ver con esto. En éste continente es aún sencillo cazar, inclusive para un hombre solo (lo que representa la norma), no siendo necesario recurrir a la acción corporativa de la batida para colgar carne en la "ganchera".

Por su filosofía la batida fue nunca una técnica orientada hacia la caza selectiva ni de trofeos. En ella se abate pelo, pluma y cuero, o lo que es lo mismo todo aquello que salga al paso, incluyendo animales de diferentes especies, sin respetar edades, sexo o tamaño.

Éste tipo de cacería surgió cuando los humanos aún no nos andábamos por las ramas perdiendo el tiempo con cazadores de salón que desde Clubes, Consejos y otras punterías similares se dedican a medir trofeos. La finalidad de la batida era simple y llanamente la de lograr realizar un buen acopio de carne para la olla tribal y no recolectar medallas de oro, plata y bronce que no se pueden digerir, y éste acopio se intentaba completar de una sola vez, con el menor gasto de energía y daño físico a los participantes que fuera posible.

En el Perú, específicamente en el Departamento de Lambayeque, se practica ésta modalidad, aunque no es común a todos los grupos de cazadores. El origen se desconoce, pero probablemente se haya heredado de los inmigrantes europeos que arribaron a América de los dos últimos siglos.

CONSIDERACIONES. LOS PARTICIPANTES.

Los participantes de una batida se dividen en dos tipos de cazadores: los tiradores de puesto y los batidores del área. En la organización de una batida se debe tener en cuenta lo siguiente.

1.El estado físico de los cazadores.

2.El número de integrantes del grupo.

3.El conocimiento del campo de cada uno de ellos.

4. El tipo de arma de cada cazador.

5. La rapidez y experiencia del tirador de puesto, punto clave para dar fin a la emboscada.

6. La experiencia en la identificación de huellas entre los batidores.

7. El tiempo que el batidor o batidores deben de calcular para que el tirador de puesto esté perfectamente ubicado.

8. La sincronización entre batidores en el caso de ser más de uno.

9.La geografía del terreno.

10. La dirección de los senderos.

11. La ubicación de las partes mas angostas o cuellos de botella del área teniendo en cuenta la dirección de los senderos para determinar hacia donde queremos encaminar a nuestra pieza de caza. Para ello se aplica el proverbio que reza que "lo angosto del terreno para el tirador de puesto, lo amplio del mismo para el batidor".

Normalmente por cada grupo hay dos lideres y durante un día se puede llevar a cabo más de una batida. De los líderes uno es quien dirige la ubicación de los tiradores, actividad fundamental para cerrar herméticamente la mancha, y el otro organiza y dirige a los batidores. Tanto el arreo como el remate los jefes de cada grupo se basan en su conocimiento del terreno, aprovechando cada hito topográfico para empujar o acorralar a las reses, y entre ambos coordinan la estrategia general, aunque cado uno maneja su gente de acuerdo a su criterio.

No todos los grupos poseen la cantidad de cazadores y la experiencia necesaria como para afrontar dos líderes. De ser así y se cuente solamente con uno, será él que resulte escogido como coordinador quien dará las órdenes a ambos grupos, ya sea que actúe como batidor o como tirador de puesto. Es decir, si es tirador de puesto indicará a cada uno de sus batidores por donde ir y que dirección tomar, ya que en éste caso el líder permanecerá con los tiradores.

En ese caso se supone que es un terreno conocido por él. Pero si el terreno es desconocido por todos, no hay tiempo para hacer el reconocimiento y recolección de datos como huellas y senderos, y se desea salir a la aventura, el líder improvisará la ubicación de puestos y enviará a sus batidores de acuerdo a su criterio y a sus conocimientos de la geografía del terreno. En ese momento todo depende de su olfato para "leer" la situación con la escasa información que dispone, y de su experiencia para ubicar a los tiradores.

LOS LÍDERES.

Para que el líder forme parte del grupo de batidores, necesariamente alguien del grupo de tiradores debe convertirse en jefe de los mismos parea ubicarlos en una forma racional.

Ésta es la oportunidad que siempre espera alguien que apunta como futuro caudillo. Si el campo es desconocido por todos y el líder va como batidor en la partida, se pone a prueba al futuro adalid dejándole escoger la ubicación de las posiciones de cierre y se lo encarga de colocar a los tiradores en los diferentes puestos según su criterio, previa planificación desde la parte baja del terreno en caso de que el mismo no sea llano.

Si las reses salen por lugares donde no hay ningún tirador como consecuencia de la mala ubicación, se analizarán los errores que cometió y como debe corregir para la próxima oportunidad que tendrá en el mismo terreno, y se le dará la oportunidad a otro integrante del grupo en el siguiente terreno a batir.

El cazador que pueda cumplir alternativamente las funciones como líder de batidores y tiradores sin cometer demasiados errores se convierte en un miembro importante y respetado del grupo, sin importar la edad que tenga, ya que ha demostrado en el campo que posee lo que se necesita: sabiduría y buen tino.

Cuando un grupo como el nuestro sale a cazar, se analiza el número de integrantes con los que cuenta, luego se destacan a los mejores tiradores para los puestos de tiro, aunque esto no es una regla, ya que tambien van buenos tiradores a batir el campo. Siempre el líder es el encargado de dejar a cada tirador en su puesto, y cuando llega al último sendero de escape toma posición, siendo el encargado de cerrar ésta salida, completando así la emboscada.

LAS ARMAS.

Se escogen sobre la base del tipo de terreno y distancia a cubrir. Escopetas para mote cerrado, armas de cañón rayado para los espacios abiertos.

Es importante considerar también el tipo de arma que porta cada integrante del grupo. Los que poseen armas recamaradas para cartuchos rasantes y de buen alcance, como el 308, 270 o el 243, toman los puestos con una vista panorámica amplia, desde donde pueden cubrir varios senderos dentro de un radio de hasta 300 metros. En los senderos sobre los cuales la distancia de disparo es más corta se colocan a los tiradores d mira abierta, mientras que aquellos que portan sistemas ópticos tomarán lugar donde los disparos sean más largos.

Por último las escopetas son colocadas en puestos con salidas cerradas de monte y con senderos dentro de los 40 a 50 metros. La escopeta es un negocio al bulto y a corta distancia. Eso no quiere decir que una carabina no pueda ser utilizada en un puesto de estos, dependiendo de la destreza del tirador, y si éste es hábil podrá abatir al ciervo en un puesto de tiro cerrado en el primer o segundo salto del animal. Aunque como dice el dicho," a mejor tirador se le va la paloma", y en monte cerrado dos saltos representan muchos metros y se pegan en aun abrir y cerrar de ojos.

Por su lado los batidores precisan ser duchos en la identificación e interpretación de huellas y rastros para poder levantar a las reses de sus zonas de encame, orientarlas hacia los puestos y ponerlas a tiro de los mismos. En muchos casos el batidor tiene la oportunidad de definir, sobre todo cuando el ciervo lo deja llegar muy cerca (rasgo típico del comportamiento de evasión del ciervo cola blanca), y sale corriendo con la cola levantada como un plumero, sorprendiendo al batidor. Es aquí cuando éste puede demostrar su destreza disparando. Según las características del terreno el batidor puede utilizar carabina o escopeta.

Las escopetas se pueden cargar con "postas", que no son más que perdigones de grueso calibre, y por lo general entran nueve de ellas por cartucho. Éste es un disparo efectivo a no más de treinta a treinta y cinco metros. La otra alternativa es el empleo de los Breneckes, que es una sola bala de plomo, y sí bien su alcance efectivo es de hasta ochenta metros, su precisión los hace realmente útiles hasta los cincuenta metros.

Las modernas escopetas americanas semiautomáticas y de cañón rayado, capaces de disparar Sabots, son muy rápidas, precisas y con un alcance efectivo es de hasta ciento veinticinco metros. Esto las convierte en el arma ideal para resolver situaciones donde la velocidad de reacción lo es todo, particularmente dentro de espacios cerrados.

LA TÉCNICA.

Los batidores cubren el terreno avanzando hacia los tiradores, marchando en forma paralela entre sí, distribuyéndose en el área de acuerdo al número de integrantes. Su labor termina cuando cada uno llega a un puesto de tiro.

La idea es de sacar a los animales de sus encames diurnos, pero dándoles la oportunidad de escabullirse lentamente hacia los tiradores. Por esto la marcha de los batidores debe ser lenta, aunque sostenida, y sin dejar huecos para que alguna presa logre escapar hacia atrás.

Arriba: Caballito peruano, mula con vituallas al lomo, esopeta en bandolera y compañero de cacería. Al fondo el paraíso. ¿Se puede pedir algo más?

Mientras recorren el campo los batidores no necesitan hallarse muy cerca uno del otro, y pueden no mantener contacto visual entre sí. Por lo general una distancia de cien a ciento cincuenta metros de intervalo libre es más que suficiente, ya que raramente los animales se arriesgarán a intentar colarse entre dos cazadores, en particular sí actúan bajo la creencia de que en la dirección opuesta a la que se acercan los batidores el campo está libre.

Pero en última instancia la separación entre cazadores está dada por el ancho del terreno a cubrir y la cantidad de batidores disponibles.

El batidor caminará idealmente con el viento a sus espaldas, de modo de "empujar" a las presas hacia los tiradores con su olor y el ruido que genera al desplazarse. Incluso muchos de ellos fuman y hablan o cantan intencionalmente durante la batida con éste propósito.

El batidor debe de ser un sabueso en el monte, utilizando su visión para rastrear y ubicar a la presa. Su labor principal consiste en leer los rastros y huellas correctamente, y actuar de acorde a esa información.

Pero entre los grupos que se conocen entre sí y cazan en conjunto desde larga data, por lo general todos sus componentes pueden actuar en cualquiera de las dos posiciones, siendo duchos en todas las funciones. Quizá la elección entre actuar como batidor o tirador depende más de las apetencias personales que de las cualidades de cada uno. Hay cazadores que son demasiados ansiosos como para sentarse a esperar en un puesto, y a la inversa, los hay aquellos que no les gusta rastrear, o que por motivos físicas les cuesta más realizar el esfuerzo de las largas caminatas.

Independientemente de la función que uno escoja realizar en la batida, éste tipo de cacería es siempre un evento agradable, lleno de compañerismo, y por sobre todas las cosas, por la satisfacción que brinda al grupo el poder planear y actuar como un equipo bien entrenado.

Nuestro próximo artículo al respecto de la batida será dedicado a la planificación de estas cacerías según el tipo de terreno.

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Cuando al fin hemos recuperado la cordura que perdimos durante centurias, el manejo de fauna para el beneficio de todos, incluyendo esa misma fauna, vuelve a imponerse entre nosotros.

Atrás parece haber quedado, y es de esperar que sea para siempre, los actos de vandalismo cometidos en África en el afán de algunos por enriquecerse rápidamente, o los desatinos realizados con los bisontes americanos. Pero estos no han sido los únicos actos desafortunados, tan solo fueron los últimos. De lo contrario basta preguntarse cuantos osos quedan en Europa, o cuantos Venados de Las Pampas se pueden contar en Argentina.

En general últimamente la especie humana ha venido favoreciendo ciertas actividades ganaderas y agrícolas, como la actividad comercial en base a vacunos, caprinos y suidos, o la agricultura intensiva, lo cual ha sido tan a más dañina para el medio ambiente que los desmanes de algunos grupos de comerciantes con sus cacerías.

Con respecto al último párrafo deseo recalcar el hecho de que he utilizado la palabra comerciante y no cazador. Los que cometieron los desmanes y desafueros a los cuales me referí en África, América y los otros cuatro costados del mundo han sido siempre señores cuya única motivación era el oro.

En cuanto a la ganadería y la agricultura intensivas hoy en día se comprende en toda su magnitud el potencial peligro que representan, y son muchas las Naciones que están limitando la tala de bosques nativos para frenar esas explotaciones intensivas que resultan tan destructivas.

LA CAZA SELECTIVA.

En fin, el futuro comienza a brillar, al menos desde el punto de vista de la fauna y la Naturaleza en general. Lamentablemente aún queda trabajo por delante, y paradójicamente son los cazadores, los mismo que hemos luchado por mantener y recuperar a la fauna, a los que debemos de dirigirnos hoy, nada menos que para modificar ciertos conceptos que resultan difíciles de cambiar, a pesar del daño que nos están haciendo.

El manejo de la fauna es actualmente una profesión como cualquier otra. No hay lugar en ella para la improvisación, o para aquellos que se niegan aceptar las evidencias científicas.

La idea de poder influenciar sobre el desarrollo de una especie, y de mejorarla, no es nueva. La misma ha sido aplicada en el transcurso de los siglos, fundamentalmente con las especies dedicadas al consumo humano, pero también ha habido múltiples tentativas de hacerlo con aquellas especies denominadas de caza, aplicando el conocimiento y las técnicas utilizados en los animales domésticos. Los resultados de estas selecciones fueron nefastos.

Para las especies "salvajes", el mejor criadero del mundo, con la mejor selección genética, es la Naturaleza misma. Querer mejorar en unas pocas centurias, y dentro de espacios reducidos denominados criaderos, lo que a la Vida le tomo millones de años en ese perfecto laboratorio conocido como Tierra es una soberana estupidez, por no decir un acto de soberbia ilimitada. Una cosa es criar vacas al voleo y en serie para matarlas antes de que completen su desarrollo, y otra muy diferente es tratar de criar animales salvajes perfectos, que recién serán sacrificados (teóricamente) en el ocaso de sus vidas.

Y el problema no termina en eso. Lo agravamos cuando comenzamos a tratar de que esos animales salvajes solo ostenten ciertas características, que desde nuestro limitado punto de vista, creemos son las mejores. Por ejemplo la cornamenta, o el color de la piel, o el tamaño de los colmillos.

Allí, justamente allí, es dónde terminamos de agravar las cosas. De a poco comenzamos a separar los animales "buenos" de los "malos" y lentamente vamos concentrando ciertas características genéticas, confinándolas a un grupo cada vez más reducido.

Lo que durante casi un siglo no vimos fue que lo único que estábamos haciendo con esto era lo que se denomina una "selección negativa", porque junto con las características de nuestro interés también estábamos confinando en ese mismo grupo los defectos genéticos, reforzándolos.

¿Cómo terminó el experimento de ingleses y alemanes con los ciervos luego de una centuria? En un grupo de animales no viables, casualmente por la concentración de defectos que portaban.

De eso se aprendió, y mucho. O al menos lo hizo la comunidad científica, y de alguna manera la información trascendió y alcanzó al menos a los criadores. Pero ésta no fue la única enseñanza que esa experiencia nos dejó.

Una de ellas, y la que es motivo de estas líneas, es el manejo de las hembras en las poblaciones de especies salvajes cinegéticamente interesantes, en particular los cérvidos, en la cual solamente el macho representa al trofeo.

¿Cuál es el concepto que predomina entre la mayoría de los cazadores, independientemente de su nacionalidad y nivel cultural? Las hembras no se matan. Sólo se matan los machos, y en la mayoría de los casos sin importar mucho sí el animal aún puede seguir aportando genéticamente a la especie, o sí es lo suficientemente añoso como para poder ser retirado del pool genético sin consecuencias importantes. En definitiva todavía se practica una especie de selección negativa, pero en éste caso eliminando en forma sistemática a los machos y dejando de lado a las hembras.

El concepto detrás de esto es el de que mientras se cuiden los vientres, ¡la manda solo puede crecer, y mejorar su calidad! ¿Sabe Ud. lo que realmente ocurre al final de un lapso de pocos años de ésta locura?

Al comienzo la manada crece, ya que la cantidad de vientres no solo se mantiene: se incrementa año tras año. Por supuesto que la cantidad de machos comienza a decrecer. Primero se van los trofeos, los únicos que deberían ser extraídos por su edad avanzada. Luego les siguen los animales adultos, aquellos que aún tienen mucho por dar genéticamente. Finalmente le siguen los inmaduros.

¿Qué ocurre con la manada mientras tanto? Las hembras siguen creciendo en cantidades anormales, y la relación macho hembra, que debe de ser idealmente de 1 a 1, pasa a ser de un macho para dos, luego para cuatro y finalmente para diez o veinte hembras.

Lo trágico es que ese macho en ese estadío de la evolución del grupo es un animal inmaduro, que en ocasiones por su condición de imberbe es rechazado por las hembras, pero que aún así puede ser que alcance a cubrir a un porcentaje de aquellas disponibles. Su suerte queda sellada al final de la primera temporada, que por el esfuerzo realizado y el desgaste físico sufrido no logra reponerse antes del invierno, y perece con los primeros fríos.

Entre la pérdida de los machos por la imposibilidad de sobrevivir el esfuerzo, y las hembras que quedan vacías por falta de machos, se cierra el círculo, y la manada comienza a decrecer, no ya en calidad, si también no en cantidad.

Sí el exceso de hembras no es removido por uno de sus predadores naturales, en éste caso el hombre, y ese mismo hombre se dedica a extraer solamente los machos agravando la situación del grupo, la naturaleza finalmente toma las cosas en sus manos y corrige el defecto.

En ese momento cesa la persecución por falta de oferta y los pocos animales remanentes se reubican en algún santuario lejos del hombre, donde lentamente la Naturaleza reconstruye la relación 1 a 1.

¿Cómo lo hace? Simplemente regula la producción de espermatozoides tipo Y (masculinos), según la disponibilidad de comida y la temperatura ambiente antes del momento de la procreación, ya que la temperatura es un indicador indirecto, pero muy fiable, de la futura disponibilidad de alimentos. Después de haber leído esto, ¿realmente cree que la Naturaleza necesita de nuestra ayuda en su laboratorio? Nuestra torpeza y arrogancia solo le dificultan el trabajo.

Tenemos una sola forma de cooperar en esto, y es acabar con nuestras tonterías selectivas. Ante poblaciones fuera de balance, o entre aquellas de las que disponemos de un censo limitarnos a extraer solamente los trofeos cazables, aquellos más viejos, dando importancia a su edad, y no al diseño de su cornamenta, ya que una buena cornamenta significa un animal aún productivo.

Además hay respetar a los animales inmaduros y aquellos maduros pero productivos, y por cada macho que extraemos del grupo hacer lo mismo con una hembra.

¿Qué las hembras no tienen cornamenta? Seguro mi amigo, pero quien le dijo que es más fácil cazar una hembra que un macho, o que su carne no sabe mejor que la de un semental viejo? Ahora sí su problema es que Ud sólo caza por el trofeo puede hacer dos cosas. Cazar solamente aquellos animales que son verdaderos trofeos por su edad, demostrando a la vez su madurez como cazador, o dejar de llamarse cazador, por que sí no puede entender el daño que hace, o su filosofía solo le permite cazar "algo" con lo que luego pueda lucirse ante sus compinches no merece compartir el título.

¿Cómo más podemos ayudar? Dejar de andar largando entre las manadas salvajes animales provenientes de criaderos. Estos últimos suelen estar en contacto con ganado vacuno, del cual adquieren la tuberculosis, entre otras enfermedades, que luego diseminan con resultados catastróficos sobre poblaciones silvestres que no son inmune a la misma. Algo parecido a lo que ocurrió en América entre los nativos con la llegada del hombre blanco. Eso debería habernos servido de lección.

Sé que esto es duro para más de uno. Lo fue para mi. Por ello deseo dejar en claro que no ha sido mi intención ofender a nadie, pero es necesario que adoptemos medidas draconianas entre nosotros, o alguien se encargará de enfrentarnos con estos hechos más adelante, con la sola intención de quitarnos nuestros derechos a la caza. ¡Ahora que habíamos comprendido que hay que dejar a la Naturaleza en paz y que solo debemos cooperar un poco extrayendo alguna que otra hembra, perder el derecho a la caza sería una broma cruel!

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DESCRIPCIÓN DE LA TÉCNICA DE ACECHO, DE LOS DIFERENTES CEBOS EMPLEADOS, Y DE LA COSNTRUCCIÓN Y EMPLAZAMIENTO DE LOS APOSTADEROS.


Anatomía básica del jabalí.

ACECHANDO AL JABALÍ.

De las tres modalidades de caza del jabalí que se practican en nuestro país, cada una de ellas posee particularidades y un marcado estilo propio que las hace únicas. El acecho requiere de paciencia, resistencia a las inclemencias climáticas y, por sobre todas las cosas, no es para personalidades ansiosas.

Por otro lado, la caza con perros y cuchillo en mano, exige coraje, habilidad en el manejo del cuchillo, y un buen estado físico, además de tener sólidas nociones sobre equitación, mientras que el rececho demanda astucia, conocimiento y persistencia. A pesar de sus diferencias las tres poseen algo en común; son apasionantes.

CEBADEROS Y CHARCAS.

El acecho consiste en algo más que apostarse en el primer lugar de nuestro agrado, esperando que la suerte nos regale un padrillo de aquellos. Exige mucho más que eso, ya que es preciso saber como, cuando y dónde.

Cebadero con maíz montado sobre una pequeña charca. Nótese la carpa montada sobre el árbol del fondo.

No cualquier lugar es bueno para armar un apostadero. Hacerlo, por simple que parezca, tiene sus secretos. No menos importante es el poseer una noción cabal de cuando apostarse. Además de esto, el jabalí es capaz de desplegar una cantidad de trucos y mañas que uno debe conocer para poder anticipar sus movimientos.

Comencemos analizando el comportamiento de nuestro invitado de honor, el jabalí, motivo de más de una noche de frío y ansiedad en esas tierras de La Pampa. Basados en su comportamiento, intentaremos diseñar una estrategia de caza coherente.

VIRTUDES DE CHANCHOS.

Sus scrofa, como se le conoce científicamente, es un animal lleno de virtudes.

Chancho jabalí cazado a caballo y con lanzas, algo no muy frecuente en nuestro país.

Entre lsus virtudes más notorias tenemos las siguientes; taimado, rencoroso, paciente, audaz, ágil, tozudo, inteligente, valiente y desconfiado, pero por sobre todas las cosas, con un olfato y oído como para hacer palidecer los nuestros. De lo único que carece es de una buena visión de águila, pero se supone que tan mala como se suele decir no es.

Su hábitat preferido es el de los montes bajos, de hojas caducas, achaparrados y sucios por debajo. En este lugar el jabalí es rey.

Allí encuentra protección durante el día, al igual que comida. Si dentro del monte existe una fuente de agua, es probable que el animal nunca abandone el lugar. Si lo hace será de noche, y sólo por motivos valederos para él como comer, beber, asearse en un revolcadero ó por la presencia de una hembra en celo. Estos dos datos deben de ser tenidos en cuenta, ya que forman los pilares de la estrategia de la caza de acecho. No hay otros.

Su diseño anatómico le da la apariencia de un cilindro cono robusto, con un poderoso tren delantero, rematado por una aguda jeta y fuertes y cortas patas. Todo el conjunto se halla recubierto de una piel gruesa y resistente.

Si bien este amorfo prototipo de la naturaleza nunca ganará premio alguno en concursos de belleza, su extravagante diseño es muy conveniente para lograr un desplazamiento rápido dentro de lugares sucios. Cuando es necesario cubrir terreno rápidamente, el jabalí simplemente apunta hacia delante y perfora el monte, dejando atrás, cansado y malherido, a cualquier perseguidor.

Ventaja que emplea sabiamente buscando las zonas más impenetrables para residir. Por ello, y porque rara vez se deja ver durante el día, intentar atraparlo al rececho, o de a pié y sin perros en estos lugares, tiene un destino incierto, por no decir que es una pérdida de tiempo.

El jabalí tiende a desplazarse siempre bajo cobertura y con las sombras. Su estrategia consiste en moverse despacio, viento en contra, con su olfato y su oído funcionando en el máximo grado de alerta. Esto le da la oportunidad de escuchar o ventear a un predador en movimiento.

LAS BAÑAS CON GASOIL, ACEITE E INSECTICIDAS.

Para lograr sacar al jabalí del monte se le puede ofrecer comida, bebida ó sexo, aunque un buen baño de lodo con gasoil, aceite quemado o algún insecticida, da buenos resultados pero NO en cualquier época.

Apostadero precario armado a ras de tierra con una ramas y palos. No son tan seguros como los apostaderos elevados.

Pero ésta estrategia, si bien altamente efectiva, presenta puntos vulnerables; el hambre y/ó el deseo sexual, y el hecho de que el jabalí depende de la emisión de olores ó sonidos por parte de sus enemigos para poder detectarlos. Y estas fisuras son las que se pueden s aprovechar a favor. Pero para ello es preciso poder atraerlo hacia un lugar abierto utilizando algún señuelo, donde la ventaja visual esté de lado del cazador, apostándose fuera del alcance de sus agudos sentidos.

Con referencia al empleo de insecticidas o sustancias irritantes cómo el gasoil, funciona mejor cuando los animales se ven más afectados por las pulgas y otros insectos, esto es al comienzo de la primavera, cuando hacen eclosión.

La técnica consiste en simplemente arrojar el elemento escogido y mezclarlo con agua y tierra, preferentemente cerca de algún comedero o fuente de agua, aunque lo suficientemente retirado como para no contaminarlos.

El señuelo, sea cual fuera el elegido, debe de estar ubicado en lugar abierto, cerca ó dentro del monte. El jabalí que se sabe perseguido no es animal de praderas abiertas. Ese mismo lugar debe dejarnos espacio como para montar un apostadero a una distancia variable entre 40 y 100 metros, de manera que le resulte difícil ventearnos o escucharnos. Por esto la locación escogida debe de contemplar la dirección del viento y en lo posible estar sobre elevada.

EL SEÑUELO UNIVERSAL Y LS REGLAS DE JUEGO.

El maíz es considerado como el señuelo universal, entre otras cosas por lo práctico que resulta armar un cebadero con el mimsmo.

Una luna como ésta tiende a reducir el movimiento de los animales, al menos el de los padrillos, que desconfían de la misma.

El señuelo empleado más frecuentemente es la comida. Esto puede ser desde granos de maíz hasta la carcasa de un animal muerto. De estos dos, el maíz es el más práctico y no requiere de un período de "estacionamiento" como ocurre con la carne, además de ser más fácil de manipular.

Montar un cebadero con éste elemento es sencillo. Con una pala de puntear se hacen ocho o diez pozos formando un semicírculo frente al apostadero. Los mismos estarán separados por un metro entre sí, lo cual obliga a los animales a separarse sin son muchos, o a recorrerlos de uno en uno si es un padrillo solitario.

En cualquiera de las dos circunstancias, lo que se busca es un mayor tiempo de exposición por parte de los animales a nuestra mira, además de obligarlos a presentarnos distintos ángulos de tiro. La intención es simplificar al cazador la elección de la presa adecuada.

Una vez hecho el pozo, de una sola palada de profundidad, se arroja un puñado de maíz dentro del mismo y se lo cubre con la tierra extraída. Durante la construcción del cebadero hay que recordar de no dejar colillas de cigarrillos en los alrededores, evitar hacer ruido y de alimentar estos cebaderos diariamente, hasta que los animales comiencen a utilizarlos.

Estos tres puntos son de importancia, en especial el último. Armar un cebadero nuevo y apostarse esa misma noche a cazar, es una excelente receta para el fracaso.

Antes de que nuestro desconfiado amigo comience a comer con regularidad en el lugar, lo investigará a fondo, desde lejos y sin mostrarse, para estar seguro de que no hay trampas. Y esto puede tomar su tiempo. No hay que olvidar que sus scrofa es desconfiado. Pero una vez que lo ha comenzado a visitar, se puede contar con su puntual asistencia. Si hay algo que el jabalí tiene es una buena memoria. Una vez que encontró comida, no olvidará el lugar. Y esta es la oportunidad l cazador.

Pero aún conociendo el emplazamiento de la comida, por el sólo hecho de encontrarse la misma en un espacio abierto, hay ciertas reglas que no quebrará.

La primera de ellas es evitar regalar su perfil a plena luz de la luna en un lugar sin cobertura. Esperará por las sombras de las nubes para hacer su movimiento, o a que el movimiento de rotación del astro arroje sombras sobre el área dónde se encuentra la comida.

RESISTENCIA AL IMPACTO.

Éste es el tipo de resultados desastrosos que terminan en rastreos prolongados y pérdida de animales mal heridos.

La segunda regla consiste en que se acercará al lugar donde piensa comer unas dos horas antes del anochecer, pero no asomará la jeta a campo abierto hasta no haberlo rodeado e investigado, todo esto sin abandonar su cobertura y sin dejar de comer . Para ese momento el cazador ya debe de estar apostado, esperando fuera del alcance de su olfato u oído.

SUS SCROFA NO ES UN ACORAZADO.

El .45 Colt, obsoleto y lento como es, resulta ideal para las condiciones de tiro desde apostaderos. Otros cartuchos similares son el .444 Marlin, .45-70 Government, y el .44 Magnum.

Pero, lo dicho hasta ahora es conocido por cualquier cazador de jabalís desde el momento que dejó de usar pantalones triangulares(pañales). Veamos entonces aquellas facetas menos conocidas de nuestro amigo, como su anatomía y su sicología de supervivencia.

Suponiendo que los dioses están de lado del cazador y logra la oportunidad tan esperada, aún le quedan algunos puentes por cruzar antes de poder sacarse la foto con el trofeo.

El primero de ellos está relacionado con la particular estructura hercúlea de nuestro amigo; el segundo con su desagradable persistencia por mantenerse vivo.

En oposición a la creencia popular, que manifiesta lo opuesto. el jabalí está dotado de una piel de escasa resistencia al impacto, a pesar de ser algo más gruesa sobre su tórax y cuello. Lo que nos obliga a que el emplazamiento del primer disparo sea impecable es su gruesa masa muscular y duros huesos, capaces de alterar el curso de un proyectil o despedazarlo antes de que alcance los órganos nobles.

Y por lo general eso es lo único que dará, la oportunidad para un solo tiro. Después, todo será una loca carrera, monte adentro y en medio de la noche, dependiendo la longitud de esa carrera de la habilidad del cazador para colocar ese primer impacto crucial y del poder de detención de su cartucho.

Y todo cazador desea fervientemente que esa carrera sea lo más corta posible. De lo contrario hay que rastrear, lo cual no siempre resulta fructífero. Aún en caso de ser así, cada metro lineal de más que cubra el animal en su fuga, será un metro para arrastrarlo fuera del monte y un metro cuadrado más para buscarlo.

¿Qué podemos hacer para evitar estas penurias? Varias cosas. Por empezar se debe seleccionar el cartucho y las puntas a emplear cuidadosamente.

Las distancias de disparo en las aguadas o abrevaderos son cortas, no superando los 100 metros. Por lo tanto los cartuchos rasantes de alta velocidad no son necesarios. Lo que uno desea es algo de grueso calibre, con mucha superficie de choque para transmitir la energía que acarrea el proyectil, pesado y lento. Con que desarrolle 1.500 pies por segundo (dependiendo del peso), es suficiente.

Esto no significa que un cartucho como el .308 con una punta de 180 grains a 2.600 pies por segundo esté desaconsejado, pero en estas condiciones, de muy cerca, sin poder hilar fino dónde hacer impacto, y con un monte inmenso y un paso del animal, un .45-70 con una punta de 400 grains a 1800 es mucho mejor remedio.

Un tarugo de esos, pegue dónde pegue, penetrará hondo, destruyendo lo que encuentre a su paso, descargando un mazazo terrible.

En cuanto a las puntas a escoger cuando se emplean cartuchos de la clase .30, que abarca al 7,62, el .30-06 y el 7,65 entre otros, se deben de evitar aquellas de peso inferior a los 180 grains, a muy altas velocidades. Lo ideal es elegir puntas de expansión controlada, preferentemente de nariz redonda, de base plana y lanzarlas a velocidades intermedias, como las Barnes X, Speer, Sierra, etc. Estas puntas pueden ser recargadas o se encuentran en la munición "Premium" de diferentes fabricantes.

Ya sea que el cazador escoja recargar o no, le será necesario emplear un proyectil con buena penetración lineal, resistente al impacto contra huesos y con la energía suficiente como para alcanzar la piel del lado opuesto. ¿Por qué tantos requerimientos de dureza y energía cuando estamos hablando de un animal que en nuestro país no supera los 120 kilogramos de promedio y que dijimos que su piel no es particularmente dura?

LAS HERIDAS COMBINADAS.

Las heridas combinadas al hombro por destrucción de la escápula, costillas, pulmones y en ocasiones la médula espinal, son la mjor chance de evitar un rastreo prolongado cuando se dispara de noche.

Arriba, a la izquierda, el tipo de puntas que en lo posible deben de evitarse en los disparos a cortas distancias. El formato de la punta de la derecha representa el concepto que se desea transferir al lector.

La explicación radica en las pobres condiciones de iluminación en las cuales el cazador se obligado a disparar.

Esto hace que impactos dirigidos a la cabeza y el cuello, capaces de producir que el animal se desplome sobre su sombra, estén descartados.

Hay veces que es simplemente imposible localizar estos blancos con exactitud. Lo cual deja solamente la zona del tórax, mucho mayor en tamaño y que alberga órganos vitales más voluminosos. Sí bien las heridas en esta región son mortales, tanto si afectan pulmón, corazón o ambos, permiten que el animal corra antes de morir. Y la distancia que puede cubrir en estas condiciones va desde los 100 a los 250 metros, lo cual representa un enorme pedazo de terreno a explorar, particularmente de noche. ¿Entonces que?

Una manera de resolver el problema consiste en generar una herida combinada, donde se vea afectado el aparato de locomoción y el sistema cardio respiratorio en un mismo tiempo, la que se logra disparando con un cartucho de grueso calibre, con una punta pesada y apuntando a fracturar cualquiera de los dos huesos del miembro anterior, en particular el omóplato.

Apuntando a la paleta (ver esquema) se intenta fracturar la misma y penetrar luego a la cavidad torácica. Éste hueso plano, triangular, localizado arriba y por detrás del codillo, es más frágil que el húmero, además de presentar una mayor superficie.

LAS PUNTAS DE CAZA.

Las puntas de nariz trunca o redondas y con base plana son ideales para disparar a corta distancia sobre el jabalí. Por su diseño transfieren grandes cantidades de energía al animal apenas penetran a las cavidades corporales del mismo.

Éste es el tipo de diseño de puntas que se busca, chatas, pesadas y de base plana.

Además de esto, cubre la parte anterior de los pulmones y la una porción de la columna vertebral, de manera que si la punta resulta desviada por el impacto, tiene aún grandes posibilidades de afectar alguno de los otros dos órganos nobles. A esto se le suma la deformación que sufre el proyectil al chocar contra el hueso, generando un amplio túnel de herida dentro del tejido pulmonar, haciendo que la hemorragia sea mayor. Si, aún así el animal logra correr, la fractura retrasará su huida, obligándolo a dejar una huella más fácil de detectar. Por otro lado, al huir teniendo que realizar un esfuerzo extra, lo agotará en un lapso menor.

Si el animal se desploma con un disparo ubicado en este lugar, es posible que se haya afectado la médula espinal, lo que se traduce como una falta de locomoción. Pero esta parálisis puede ser transitoria, por lo que es conveniente efectuar inmediatamente un segundo disparo de seguridad dirigido al tórax.

Si durante la espera, el silencio de la noche puede es roto por el chillido de las aves, en particular el tero, se tomará como un aviso claro de que algo se está moviendo en el monte, probablemente un jabalí. Este el momento para asegurar que aquellos objetos más necesarios, como los binoculares y el rifle, estén al alcance de la mano y que nos sea factible utilizarlos sin ruido alguno.

OTRAS MAÑAS DE LOS JABALÍS.

La aguada, lugar natural para montar la espera para muchos animales.

Cuando al cebadero entra un grupo de animales compuestos por madres y crías, es casi seguro que el padrillo no se hallará entre ellos. Estos animales demoran su aparición rondando el lugar hasta estar seguros de que no hay peligro, por lo que no se debe apresurar el tiro.

Suelen aparecer hasta horas después de que los demás animales terminaron de comer. La decisión de disparar o esperar es difícil, ya que no hay garantías de ninguna clase y si uno se equivoca no hay reclamos. Los elementos que pueden ayudar a decidir son pocos. El hecho de haber encontrado huellas frescas de un animal grande antes de apostarse, es quizá el único. El resto es una cuestión de azar y la decisión es personal.

Un animal que entra sólo y tarde a un cebadero ó una aguada, tampoco es garantía de que represente al señor de la zona. En caso de no serlo, dos son las alternativas más frecuentes. Que el primer animal en entrar, a pesar de ser un macho adulto, sea el "escudero" del padrillo, que tardará en aparecer. La otra alternativa es que sea una "chancha seca", sin crías al pié. Una vez más, de noche y con pocas chances de identificar al animal por su sexo, la decisión de disparar o no se torna en una ruleta.

Una técnica refinada, e irresistible para el jabalí, consiste en atar una cerda doméstica en celo y utilizarla como cebo. Esto indudablemente, requiere de ciertas comodidades, como disponer del animal en ese estado sexual, un medio de transporte adecuado para el mismo, y contar con su cooperación. Pero para aquel que logra reunir estos requisitos, las chances de salir victorioso tras una espera se multiplican.

Los animales muertos son otra atracción para el jabalí, en éste caso de tipo gastronómica. Una vez que el cadáver ha entrado en descomposición franca, para lo cual suelen transcurrir al menos un par de días, los jabalís comenzaran a visitarlo hasta acabar con el mismo. En éste caso hay que ser doblemente cuidadoso dónde se monta la espera con respecto al viento.

El viento es el último elemento que consideraremos con respecto al armado de apostaderos en éste artículo.

La regla con respecto al mismo es sencilla. Los jabalís intentarán rodear cualquier lugar abierto antes de aventurarse en el mismo, por lo que lo del viento es relativo, en particular sí el apostadero está armado a nivel de tierra.

Sin embargo el consejo es apostarse a esperar siempre en una posición en la cual el viento corra transversal a nosotros o nos de en el rostro, y dentro de lo posible lo más alto que nos sea factible con respecto al cebo.

Un viejo truco para engañar el olfato de los macarenos consiste en colocar cerca del cebadero o aguada una prenda personal y dejarla por varios días, de manera que los animales se acostumbren al olor de la misma y no desconfíen sí eventualmente nos olfatean la noche en que estamos apostados. El truco es bueno, para hay que disponer del tiempo para montarlo, lo cual no es siempre lo que nos sobra.

Tan importante como no ser olfateado es no ser escuchado, por lo que el silencio, y la inmovilidad forman parte de lo que se debe de hacer sin necesidad de ser mencionado.

Bien, estas son las bases de las esperas. El resto como suele decirse, es suerte. Espero que la tenga.

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