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TÉCNICAS DE RASTREO DE PRESAS HERIDAS.

miércoles, 26 de mayo de 2010


El rastreo de animales heridos sin la ayuda de perros o terceros era una habilidad de la cual dependieron nuestros antepasados para sobrevivir.

Emplazamiento correcto del primer disparo. Impacto torácico alto sobre una corzuela que terminó afectando la columna vertebral (esquematizada en verde) y el vértice del omóplato (en negro). El corazón se halla ubicado por debajo del tercio anterior de la luneta (círculo rojo). Nótese el corte limpio de los bordes de la herida de salida debido a la buena deformación de la punta empleada.

Lamentablemente hoy en día ésta destreza para rastrear las presas está considerada cómo un arte comparable a la interpretación de las huellas, algo que muy pocos cazadores dominan.

Antes de entrar en detalles sobre cómo se rastrea una pieza herida es necesario estar concientes de dos hechos sobresalientes en ésta actividad de la vida; uno malo y el otro algo mejor.

La mala nueva se refiere a de que cada diez intentos realizados para recuperar un animal herido llevados a cabo sin la ayuda de perros, escasamente el 50% de los mismos tienen un final feliz.

La buena noticia es que esos intentos que llegan a un final feliz son realizados por cazadores sumamente familiares con el terreno y acostumbrados a éste tipo de juegos. La pregunta entonces es, ¿sí la situación así lo demanda, posee Ud. las habilidades como para emular a David Crockett?

Evidentemente la mejor forma para no terminar jugando a las escondidas con una presa herida es emplazando el primer disparo dónde se debe, con el cartucho y la punta adecuados para el trabajo, pero aún así al mejor cazador se le escapa una liebre. Y una vez que ésta se dio a la fuga comienza el baile. Pocas situaciones en la vida pueden resultar tan frustrantes para un cazador de ley como saber que ha herido a su trofeo y no poder hallarlo, y una iniciado el juego sólo resta una alternativa; seguir el paso de la presa. De abandonar la justa ni pensarlo.

¿Qué actitud tomar ante un animal presumiblemente herido y que ha desaparecido en la espesura del bosque o en medio de altos pajonales? Junto a los diferentes rastros que la presa pueda dejar a su paso, el cazador debe de echar mano a otros elementos de su coleto que le resultarán de ayuda en la tarea. Los mismos son perseverancia, razonamiento lógico y observación. El conocimiento llega después.

Cómo cualquier actividad que se emprende, la clave para obtener resultados positivos se halla en sistematizar el trabajo, fraccionando el mismo en objetivos o pasos a dar.

Las dos preguntas que surgen naturalmente, y que uno está forzado a plantearse al comenzar el rastreo de un animal herido son, a), hacia adonde se dirige y b), que distancia recorrerá antes de recostarse a reposar o caer muerto.

Comencemos entonces por responder estos interrogantes, teniendo en cuenta que la dirección de fuga depende del tipo de terreno, posición sobre el terreno del cazador, vegetación presente, y ocasionalmente del viento, mientras que la distancia a recorrer será determinada por el tipo de herida infligida, y en aquellas heridas que así lo permiten, por la actitud del cazador.

Aclaremos éste último punto antes de continuar. ¿Cuales son las actitudes del cazador que determinan un cambio en la conducta de fuga de la presa, y cuales son lo tipos de heridas en las que estas conductas del cazador pueden alterar la repuesta?

Una actitud agresiva, como el comienzo de una persecución abierta inmediatamente después del disparo, obligará a aquellas presas con heridas abdominales y de los miembros a mantenerse en movimiento en forma constante para poner la mayor distancia posible entre ella y su perseguidor. Veremos más adelante que ésta no es la respuesta normal de un animal con ese tipo de lesiones.

¿Cuales son los factores que inciden sobre la distancia y dirección de fuga de un animal?

La distancia que un animal recorrerá dependerá del tipo de herida (por la hemorragia y el dolor), por las cacracterísticas del tereno (lano, en pendiente). y de la actitud de del cazador (persigue inmediatamente o espera), mientras que la dirección de fuga está relacionada con la dirección del viento (la presa tratará de huir con el viento de frente), la posición del cazador en el terreno (que obliga al animal a laejarse de él) y la cercanía de refugio (al cual se dirigirá el animal.

Teniendo en cuenta estos factores, veamos ahora cuando y cómo se rastrea un animal herido y los porque de cada una de estas reglas.

Comencemos describiendo las heridas, que determinan la distancia, y al mismo tiempo haremos referencia a la actitud correcta a seguir por el cazador.

Generalidades.

"Cada tipo de herida es seguido por un patrón de reacción fijo que es independiente de la voluntad del animal y que resulta de los cambios funcionales que la herida genera".

Un animal con ambos pulmones perforados correrá 150 a 200 metros en línea recta antes de desplomarse muerto, independientemente de sus deseos por poder continuar. Por otro lado, en medio de una pendiente, y sí el disparo ha fracturado uno de sus miembros posteriores, el animal sólo podrá a descender, ya que para escalar necesita de la fuerza de sus miembros posteriores, con los cuales no puede contar. La inversa ocurrirá sí resulta herido en una de sus manos, en cuyo caso tratará de ascender.

Esta lógica puede aplicarse sucesivamente con cada tipo de herida, y eso es precisamente lo que haremos. ¿No está plenamente seguro de esto? Por curiosidad, y para salir de la duda, haga la prueba de treparse a una silla utilizando una sola pierna para ello. Obviamente en éste caso resultará más sencillo, y con un menor gasto energético, descender saltando sobre un solo miembro.

Para simplificar la descripción separaremos a las heridas en torácicas, abdominales y de los miembros y las trataremos en forma separada. Los animales que resultan heridos en el sistema nerviosos central (cerebro), o en el sistema periférico (médula espinal), simplemente se desploman sobre su sombra, pudiendo perecer en forma instantánea o ser necesario el remate posterior. En cualquier caso éste tipo de heridas no entran dentro de aquellas que nos forzarán a rastrear, por lo que serán dejadas de lado.

LAS HERIDAS TORACICAS.

Código de colores. Amarillo: cerebro y columna vertebral. Rojo: corazón. Azul: pulmones. Celeste: triángulo vital. Verde: Huesos del aparato locomotor. Fotografìa y esquema gràfico: Daniel Stilmann.

Las heridas del tórax corresponden a las lesiones pulmonares, cardíacas, de los grandes vasos torácicos, los hueso del miembro anterior, y la porción de la médula espinal que transcurre por el tórax.

Por herida torácica entenderemos cualquier tipo de herida que afecte al corazón, los pulmones o los grandes vasos, ya sea a uno de ellos o a más de uno de estos órganos en forma simultánea, independientemente de que afecte huesos o alguna porción de la columna vertebral.

Como regla general podemos decir que las heridas torácicas producen carreras en línea recta de entre 100 y 200 metros. ¿Porqué esa distancia y porqué en línea recta?

La distancia esta dada por la cantidad de sangre que el corazón es capaz de bombear antes de que la hemorragia haga que este órgano colapse por falta de llenado. La distancia recorrida no es entonces una decisión que pueda tomar la presa sino del tiempo en que el combustible del tanque tarde en agotarse. Simplemente cuando la sangre cese de irrigar el cerebro, con lo cual se pierde irremediablemente toda repuesta motora, la presa caerá desvanecida. Posteriormente cesan todas las funciones vitales y sobreviene el fin.

Bien, ¿y porqué en línea recta? Esto es más simple aún, pero recuerde que estamos generalizando. Siempre habrá excepciones, dadas por variables no controlables. Pero en general el razonamiento es el siguiente. La primera reacción del animal ante el impacto y el estruendo del disparo, es huir. Simplemente tratará de poner la mayor distancia posible entre él y el objeto de sus molestias, sin detenerse a meditarlo mucho. Los primeros metros de ésta carrera son por lo general hacia el lugar más cercano que le ofrezca reparo o salida del lugar dónde se encuentra.

Siendo la distancia más corta entre los puntos A y B la línea recta, cualquier presa que halla cursado primer grado correrá de esa manera. Después, si hay tiempo y fuerzas para ello, el animal puede buscar otros caminos y alternativas de evasión, pero en este caso, con una hemorragia que lo esta desangrando rápidamente, no habrá un después. Entonces la fuga será, a grandes rasgos, en línea recta y por 150 metros.

Sí dispusiésemos del espacio necesario, podríamos analizar varias alternativas al escenario descrito, que no son más que la excepción a la regla. Pero mencionaremos solamente las dos que son más frecuentes de observar.

La primera de ella ocurre con el empleo de munición de alta velocidad, bajo peso, punta hueca y expansión violenta. Sí, y este sí al inicio de la oración es importante, la misma penetra en el tórax expandiendo rápidamente dentro del mismo, la enorme cantidad de energía liberada en tan corto tiempo, conocida cómo hidro impacto, puede producir la muerte en forma fulminante debido al masivo estallido de capilares sanguíneos. En éste caso el animal cae de la misma manera que sí hubiese recibido un mazazo en medio del testuz.

La segunda excepción, diametralmente opuesta a la anterior, ocurre con el empleo de munición blindada de punta cónica (munición de guerra). La misma tiende a perforar la res sin liberar energía durante su trayecto dentro del animal. En ocasiones es factible observar animales con ambos pulmones y ventrículos cardíacos perforados correr mas de 200 metros antes de perecer. Pero recuerde que ambos ejemplos son las excepciones que confirman la regla.

Las heridas abdominales.

Las heridas abdominales son harina de otro costal. El mecanismo que produce el deceso del animal es más complejo, pero para resumirlo diremos que lo que produce el fin es la peritonitis que se instaura, pero recién después de muchas horas. La excepción aquí la dan el estallido hepático o el renal, que producen una gran hemorragia, al igual que la perforación de uno de los grandes vasos que transcurren por la región, pero esto es raro de observar.

La primera reacción de un animal en presencia de éste tipo de herida es igual a la que ofrece ante una herida torácica; correr para poner distancia entre el agresor y su piel. La carrera inicial será también en línea recta, pero como no sobreviene ningún tipo de incapacidad motora inmediata, el animal continuará avanzando, hasta que el dolor lo obligue a detenerse. Y aquí comienzan las grandes diferencias con la reacción que generan las lesiones torácicas. Y también comienzan los "peros", que dependen ya del cazador.

Sí la presa no se siente perseguida es probable que no recorra más de 300 metros antes que el dolor la obligue a detenerse. Pero, y éste es el pero al que nos referíamos previamente, y que depende del cazador, si intuye o constata que esta siendo perseguida continuará la fuga, que en este caso puede prolongarse por kilómetros, buscando la ventaja del viento, cruzando otros rastros en un intento de confundir a su perseguidor o vadeando arroyos para borrar sus rastros.

Por el contrario, sí se la deja en paz, y particularmente si no está segura de lo que ha ocurrido, buscará de recostarse para calmar el dolor. En la medida que pase el tiempo sobrevendrá una contracción muscular muy dolorosa de la pared abdominal, que le impedirá posteriormente levantarse para abandonar el lugar en caso de sentirse amenazada.

Si bien los primeros metros de la carrera serán cubiertos de manera lineal, una vez que el animal se halla alejado lo suficiente de su agresor, y antes de detenerse por el dolor, puede optar por abandonar la dirección de fuga inicial y tomar otra cualquiera, que por lo general lo llevará hasta algún lugar en el cual pueda refugiarse. Entre algunos cérvidos y animales peligrosos es frecuente observar un intento por rodear al cazador y colocarse viento abajo y por detrás del mismo. El ciervo, animal curioso, lo hará para mantener bajo observación a su perseguidor, mientras que las intenciones del búfalo, animal de modales reñidos con la salud del cazador, son tan simples como las de retribuir los favores recibidos.

Como es infrecuente que un ciervo o un jabalí ande deambulando a plena luz y lejos de algún tipo de reparo en las inmediaciones, la distancia hasta un escondite no superará los 300. Y si no piense cuantas veces en medio de una cacería ha logrado ver a uno de estos animales alejados a más de esa distancia de algún tipo de protección.

El lector seguramente se preguntara si hay excepciones a esta regla. Si las hay. Una de ellas la ofrece el ciervo mulo que habita en las grandes praderas americanas dónde el refugio visual es mínimo, pero nuevamente es solo una excepción que confirma la regla y, por otro lado, en Europa no se los encuentra habitualmente (los pocos que hay se hallan en los montes de península Escandinava).

Antes de concluir con la descripción de las reacciones a las que dan lugar las heridas abdominales, mencionaremos dos hechos. Una vez que un proyectil perfora dicha cavidad, la muerte es inevitable. Lamentablemente no lo es ni a corto plazo ni tampoco ocurre de manera indolora. Por eso jamás se abandonará el rastreo de un animal herido. No es digno de alguien que desea ser aceptado por sus pares como un cazador cabal producir una muerte como esa.

LAS HERIDAS DE LOS MIEMBROS.

Estas lesiones son siempre malas noticias para el cazador, augurando un largo, y por lo general, infructuoso rastreo.

Impacto torácico alto sobre el lomo de un búfalo. Nótese la perforación accidental de la oreja (sostenida por el cazador) por el mismo proyectil. El animal se encontraba transversal al cazador, pero mirando hacia su arma al momento del disparo. Fotografìa. Carlos Coto.

Las heridas de los miembros, con o sin fractura ósea, producen una reacción muy similar a la observada en las heridas abdominales. El animal huirá en línea recta hasta el lugar más cercano que le permita escabullirse de la vista de su agresor, para luego deambular en busca de reparo y, una vez que lo halla encontrado se recostará tratando de reponerse. Sí la herida es lo suficientemente importante como para generar dolor intenso, la distancia que cubrirá es aproximadamente la misma en ambos casos. Una herida que solo afecte músculo y piel raramente es mortal, y por lo general no provoca dolor ni contracción muscular hasta muchas horas después, siendo casi imposible recuperar estas presas.

Dos de las posibles reacciones del animal ante las lesiones de los miembros fueron mencionadas al principio, cuando nos referimos a la incidencia que tiene el terreno en pendiente sobre los animales heridos. Pero existen tantas conductas alternativas como posibles tipos de heridas puedan generarse sobre los miembros, que son innumerables y que no podemos abarcar aquí por falta de espacio. Lo importante para el cazador es recordar los principios básicos enumerados mas arriba y sobre esta base edificar un plan de búsqueda razonable.

El cazador.

Bien, hasta aquí hemos visto en forma sucinta que es lo que podemos esperar por parte de los animales en cada una de estas tres ocasiones. Pero con eso solo no basta para alcanzar la meta fijada. Queda aún una parte de la ecuación de búsqueda o rastreo que no ha sido mencionada, y es lo que puede aportar el cazador, además de su deseo de recupera a la presa.

¿Por ejemplo, se ha planteado cómo se hace para determinar dónde se encuentra herida la presa sí la misma se ha fugado sin tener la amabilidad de permitirnos antes darle una buena mirada? Ésta es una de las dos preguntas básicas, en que lugar precisamente se halla herido el animal, y que de esa repuesta recién se puede deducir cuanto correrá el mismo.

Aún ante un blanco inmóvil no hay forma de garantizar dónde se ha hecho impacto. La velocidad de reacción de la presa al impacto y al estampido, junto al retroceso del arma, que tiende a desenfocarnos de nuestro objetivo durante milésimas de segundo, son los responsables por ello. Bajo estas circunstancias es muy difícil, pero no imposible, realizar lo que se denomina, "to call the shot", o predecir dónde se ha hecho impacto antes de poder constatarlo en el blanco. Pero si existen maneras de llevar a cabo una "deducción educada" de lo ocurrido.

Para rastrear con éxito un trofeo es tan importante lo que él cazador haga antes y durante el disparo, como su conducta posterior. Dejemos pues de lado a nuestra presa y sus extravagantes conductas para concentrarnos un poco en la conducta humana.

Veamos un ejemplo teórico, pero muy frecuente en la vida real, de manera que podamos construir un escenario de trabajo sobre él. Suponga que está apostado y bien camuflado, y que a ochenta metros aparece un ciervo en medio de un claro del bosque. Desde donde se halla ubicado puede observar sin inconvenientes al animal ya que la línea de tiro está despejada. Escoge el área del blanco sobre la cual desea hacer impacto y aprieta el gatillo, pudiendo observar como el animal pega un salto y desaparece tragado por la espesura. La situación no es para nada exagerada y lamentablemente más frecuente de lo que uno desearía.

Aparentemente esto no brinda mucha información sobre lo que sucedido, o dónde se encuentra herida la presa. Pero si revisa bien en su memoria, y cumplió con su parte del trabajo a conciencia, concluirá que no es así.

Para comenzar, antes de apuntar y disparar hay que determinar que está haciendo el animal. Sí se encuentra comiendo o caminando desaprensivamente esto significa que no está alarmado. Pero sí el animal se halla parado, erguido rígidamente sobre sus cuatro extremidades, con la cabeza en alto y las orejas moviéndose, puede dar por sentado que se halla inquieto y que sospecha que algo no está de acuerdo a su idea de seguridad. Ante el menor disturbio correrá en dirección opuesta a aquella en la cual está dirigida su mirada.

El próximo paso es el de apuntar cuidadosamente y disparar. No hay que permitir que el arma nos sorprenda disparándose cuando ella lo desea. Eso no es más que una forma de descripción romántica a la cual se apela a veces cuando se escribe. Un buen disparo es aquel en el cual el gatillo rompe cuando el tirador así lo desea, y no cuando se le ocurre oportuno a su arma. Después de todo el que se halla al comando de la situación es Ud. y no un pedazo de metal con culata.

Para la mayoría de los cazadores sus obligaciones terminan con el disparo. No para el cazador cabal, que aún puede hacer muchas cosas más para ahorrarse problemas a posteriori. Por ejemplo mantener los ojos abiertos al momento de la explosión, observando la reacción de su presa. En ese milisegundo puede recoger información vital. Conseguir esto es difícil, pero si se uno se lo propone, y se entrena para ello, terminará por lograrlo.

Al momento de recibir el impacto, el animal puede saltar hacia arriba con sus cuatro patas extendidas arqueando el lomo, pararse en dos manos apoyado en sus patas trasera, cocear, o partir cojeando. Lo importante de esto es que cada una de esas reacciones corresponde, por lo general, a un tipo de herida específica.

Las dos primeras reacciones son indicación de una lesión torácica. La tercera aparece en las heridas abdominales y la cuarta a las de los miembros. Puede ocurrir que aún habiendo apuntado al corazón la presa parta cojeando o cocee. La respuesta obvia es que se ha errado y eso suele suceder por mil motivos que no analizaremos aquí. Pero lo importante es que sabe ahora dónde ha hecho impacto el proyectil.

Acto seguido, antes de recargar el arma y colocar el seguro, hay que tratar de escuchar cualquier ruido que provenga desde la dirección en la cual partió el animal. Una presa que "rompe monte" a su paso está probablemente mal herida, ya que los animales en circunstancias normales evitan las ramas de la misma manera que lo haría Ud. si tuviese que correr dentro del bosque. Sí bien esta información no es muy confiable, puede ayudarlo al menos a orientarse sobre la dirección de búsqueda. Lo único que deberá hacer después es encontrar esas ramas rotas, sangre sobre el pasto, en las hojas a la altura de la herida, o huellas, para confirmar el dato.

Desde el momento previo en que se comienza a presionar el gatillo y hasta la fuga de la presa hay que recoger toda ésta información. Luego será el momento de analizarla para llegar a esa deducción educada a la que hicimos mención y que indicará cual será el próximo paso a dar.

LAS DIFERENTES ALTERNATIVAS.

Sólo existen cuatro alternativas válidas ante una presa herida, y cada una debe de ser enfrentada en forma diferente.

Posición de alerta típica de un animal que se está por dar a la fuga. A partir de éste momento le restan segundos para disparar y abatirlo. Fotgrafìa: Daniel Stilmann.

Si estima que la presa está herida en el tórax, espere diez minutos antes de dirigirse al lugar donde la vio por ultima vez y comenzar a rastrear. En caso de haber hecho impacto en el abdomen espere tres horas antes de moverse, y si la herida afectó alguno de los miembros deje transcurrir entre siete y diez horas antes de iniciar la búsqueda. Sí la presa cayo en el lugar, antes de intentar recuperarla coloque un disparo en el tórax como seguro.

Cuando describimos las diferentes reacciones y el comportamiento de cada una de éstas heridas se dieron los motivos para ello.

Cualquiera sea el caso, la espera deberá transcurrir en silencio, sin dar a conocer nuestra posición. No tiene sentido alguno permitir que la presa localice el lugar de donde partió la agresión o que pueda identificar a su agresor. Un animal herido y desorientado con respecto a lo que ocurrió, será más fácil de manejar posteriormente. Recuerde que en el mundo actual, la información lo es todo. El mundo de la caza es similar. No ceda entonces información gratuitamente a su adversario.

Durante la espera se puede hacer algo más para simplificar el futuro inmediato. Si no ha sido determinado aún éste es el momento para averiguar la dirección del viento. Una de las cosas que un animal mal herido hará (abdomen, miembros), es huir contra el viento, siempre y cuando su capacidad motora así se lo permita. De ésta manera el animal puede revisar olfatoria y auditivamente el espacio frente a él, en el que se internará a toda prisa y sin mucho tiempo para estar seguro de que se halla libre de sorpresas.

Con los binoculares se observará con detenimiento él área. Lo que se hace es tratar de localizar a la presa, familiarícese con el terreno circundante y pensar donde puede haber buscado reparo. El lugar más próximo de difícil acceso tiene buenas posibilidades de estar cobijándola.

Bien, hemos cumplido hasta aquí con las primeras reglas del juego. Sí se ha sido cuidadoso en estos menesteres y no se ha delatado la posición, impidiendo al animal determinar el lugar de origen del disparo o identificar a su agresor, se debería tener para ahora una buena idea de dónde está herido, cuando comenzar la búsqueda, a qué distancia se espera encontrar a la presa y en que dirección caminar. ¿Cuál es entonces el próximo paso a dar?

El primer movimiento.

Con sumo cuidado, sin hacer ruidos innecesarios y con el arma lista para disparar se camina hasta el lugar dónde el animal se encontraba al momento de ser herido. Hay que observar bien el área antes de pisar sobre ella y, de ser posible, clavar una estaca tan alta como se consiga con un pañuelo anudado en su extremo superior. Sí las cosas no salen bien de entrada esa bandera será de una ayuda inestimable posteriormente.

Luego se comienza a buscar rastros. Sangre, pelos, material proveniente de la cavidad abdominal, ramas recientemente rotas o dobladas, y huellas. También son importante las sendas, ya que un animal herido puede tomarlas, pero lo más frecuente es que su reacción inicial sea la de "romper monte", encarando hacia el lugar más próximo que le presente algún tipo de protección, a menudo quebrando pequeñas ramas, dejando rastros de sangre sobre ellas y las hojas. Pero antes de seguir un rastro como ese, hay algunas tareas que completar.

Si hay sangre en el lugar se debe determinar sí la misma es venosa o arterial. La primera es obscura, la segunda es roja brillante, a menudo con espuma. Éste último tipo de sangre proviene de las heridas torácicas, y es un buen indicio.

Sí por el contrario encuentra sangre más obscura, la misma tiene su origen en el sistema venoso de uno de los miembros del animal o raramente del abdomen. La señal es mala, en particular sí pudo observar a su presa moverse con dificultad, o sí dejó detrás de sí la huella de un miembro que se arrastra.

Otro signo frecuente de hallar son restos de material proveniente de la cavidad abdominal. Estos se caracterizan por presentarse como una masa verdosa, ocasionalmente acompañada de estrías sanguinolentas. Éste también es un signo ominoso, tanto para el cazador como para la presa.

Por último pueden hallarse pelos, manchados o no con sangre. Aquellos de color blanco pertenecen por lo general a las porciones más bajas de la cavidad torácica y la abdominal. Los pelos oscuros son del resto del cuerpo. Así, por ejemplo, un pelo marrón con manchas de sangre brillante y espumosa estará indicando una herida torácica que afecto los pulmones.

En cualquier caso deberá analizar la evidencia teniendo en cuenta siempre los otros rastros encontrados, cómo el color de la sangre, tipo de huella, lugar adonde apuntó, etc. Es la suma de toda ésta información, y no los detalles aislados, lo que le permitirá obtener conclusiones razonables.

Sí disparó desde una posición más elevada que su presa, cómo por ejemplo desde un apostadero aéreo, busque sangre en el piso, dentro de un radio de un metro a un metro y medio. Sí cuando disparó Ud. se hallaba a la misma altura que el animal, el proyectil probablemente lo perforó, en cuyo caso la sangre deberá buscarla por hasta varios metros detrás del mismo y a la altura del impacto, presumiblemente sobre ramas y hojas de los arbustos circundantes. En algunas ocasiones es posible recuperar el proyectil en algún tronco. El análisis del mismo le proveerá con información muy importante, como sangre, tejidos o pelos.

Suponiendo que se haya completado todo esto en silencio, y de que se posea la información necesaria como para saber qué hacer, ahora viene el momento de hacer lo correcto. Ésta próxima decisión es crucial para los resultados de la búsqueda y básicamente consiste en seguir inmediatamente o parar y esperar a que el animal se enfríe.

¿CONTINUAR O ESPERAR?

La decisión al respecto de cuanto se debe de esperar, depende de signos indirectos.

Herida abdominal (en rojo). El proyectil produjo una lesión hepática seguida por una gran hemorragia interna. A pesar de la pérdida de sangre masiva el animal alcanzó a recorrer unos metros antes de desplomarse.

Sí la sangre encontrada es brillante, se disparó apuntando al tórax, y se tuvo la suerte de ver a la presa levantando las manos, se puede continuar la búsqueda. En éste caso es necesario hacerlo en silencio y con el arma lista, y sí se tiene que apostar a algo, hay que hacerlo a favor de que la presa se hallará muerta para cuando se llegue hasta ella, ya que las heridas torácicas producen la muerte por hemorragia dentro de los 2 a 5 minutos.

Trace una línea imaginaria con los rastros encontrados, cómo sangre, huellas y ramas rotas, y podrá hacerse una idea aproximada de la dirección de fuga del animal. Continúe la misma, marcando cada rastro que encuentre. Cada tanto párese a observar para atrás. Esto le permitirá notar si hay algún cambio de dirección en la marcha de la presa, o verla en caso de que la misma haya decidido rodearlo para tenerlo bajo su control.

Dijimos que un animal con una herida cardiopulmonar raramente superará los ciento cincuenta metros de marcha, los cuales cubrirá en línea recta. Aunque frecuentemente dará sus últimos pasos de manera errática debido a la baja presión de perfusión cerebral, que le impide caminar en ya en forma coordinada. Por éste motivo, los animales así heridos suelen apartarse en los últimos metros de su dirección original de fuga, y suelen desplomarse en los alrededores de las sendas y no dentro de las mismas.

La otra cosa que puede o no hacer un animal herido en el tórax (o en cualquier otro lugar de su anatomía), es sangrar en forma constante. Lo más frecuente es que no lo haga por diferentes motivos. Las heridas suelen auto sellarse, ocluirse con material orgánico, o cubrirse con piel al tomar el animal su posición erguida.

Es esto, la ausencia de sangre, junto al cambio en la dirección original de fuga, lo que más confunde al cazador y lo induce a abandonar la búsqueda. La ausencia de éste elemento no significa bajo ningún concepto que él animal no se encuentre herido, o que halla parado de sangrar. El simple hecho de haber visto a la presa levantar sus manos, cocear o saltar, es más que suficiente para asegurar que ha sido herida. Y por lo tanto no se debe cesar en los intentos hasta recuperar a la presa.

Sí ya se superó los 150 metros impuestos como radio de búsqueda a partir del centro de ese semicírculo imaginario, y no se encontró nada, hay que retornar a la última huella o rastro marcado y comenzar una vez más la búsqueda desde allí. Hay que recordar que la presa está presumiblemente muerta, de manera que se debe concentrar la atención al ras del piso y por sobre todas las cosas, en lugares de difícil acceso visual.

Se continuará así hasta dar con la presa. De lo contrario es necesario regresar a la estaca con la señalización e iniciar una vez más el proceso. Pero, ¿qué actitud tomar si la sangre presente en primera instancia es de tipo venoso (herida muscular), o los indicios hallados nos indican una lesión abdominal?

La espera.

En éste caso y luego de haber clavado la estaca de señalización, se debe de retornar al lugar desde dónde se disparó y esperar en silencio absoluto, por no menos de tres horas. Y sí se logra contenerse durante cinco, mejor aún. De lo que el cazador puede irse despidiendo desde ya, independientemente de que espere tres o cinco horas, es de tener por delante una tarea simple, o de recuperar a tiempo la carne cómo para poder consumirla luego.

Recuerde que hemos dicho que las heridas abdominales son mortales a largo plazo (hasta 24 horas) y que no producen incapacidad motriz inmediata. Esto significa que si la presa es perseguida inmediatamente después del disparo, la misma será capaz de andar un largo trecho antes de detenerse. Pero, sí el animal es dejado en paz, probablemente no recorra más de trescientos metros, buscando un lugar para ocultarse. Una vez en éste se echará a reponer fuerzas, pero al cabo de dos horas ya no podrá reincorporarse.

Algo similar, pero de menor magnitud ocurre con los animales que presentan fracturas óseas. Una vez que la presa se recostó a descansar, sobreviene una contracción muscular dolorosa que impide la locomoción. Y cuanto más tiempo transcurra entre la herida y el comienzo de la búsqueda, mayor será la dificultad del animal para reincorporarse y marchar.

Está claro qué, en cualquiera de estas dos situaciones, la mejor apuesta es la de esperar pacientemente a que la naturaleza siga su curso. En estos casos la impaciencia tiene un solo premio; la pérdida del animal.

A forma de epílogo.

El cazador novel suele desanimarse rápidamente ante su primer intento frustro de rastreo. Ante una situación cómo ésta es conveniente regresar al otro día y re iniciar la búsqueda desde cero. Descansado, ya sin la ansiedad del momento por hallar el trofeo, y con tiempo para haber repasado cada hecho, los resultados suelen mejorar. También es posible que no sea necesario rastrear. A veces con simplemente levantar la mirada al cielo los pájaros nos indicarán dónde buscar lo que anhelamos.

Independientemente de la forma en que hallemos al trofeo, gracias a nuestro empeño o a los pájaros, la lección sirve. Nos demostrará que es necesario persistir, ya que la mayoría de las veces la presa yacerá muerta en las cercanías. Del estudio de dónde haya caído el animal, el tipo de herida presente, y del trayecto recorrido por la presa hasta el lugar, aprenderemos mucho. Y por sobre todas las cosas, ganaremos confianza en nosotros.

El lector habrá notado que las primeras decisiones a tomar se basan en las observaciones realizadas sobre el comportamiento del animal. La lectura e interpretación de éste fenómeno pueden ser incorrectas al principio, pero con el tiempo él cazador comete menos errores de éste tipo. Es difícil mantener la fe en lo que se está haciendo, cuando todo lo que tenemos para aferrarnos a la empresa, y no abandonarla, es esa reacción inicial de la presa a la cual tuvimos oportunidad de contemplar por décimas de segundo. Pero son estas impresiones iniciales en las cuales debemos aprender a confiar, las que nos permiten formularnos una hipótesis de trabajo, que puede demostrarse válida o no posteriormente, pero que siempre es infinitamente mejor que buscar al azar. Esto ultimo es indigno de un ser pensante, cómo se supone somos los cazadores.

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1 comentarios:

  1. anticaza says:

    hijosdeputa

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